jueves, 21 de septiembre de 2017

NY Solo Men


"New York Solo Men" es un proyecto fotográfico de Ignacio Vara en el que he participado con el siguiente poema.
Para ver la galería completa de fotografías entra aquí

NY SOLO MEN

Los solo.
Los dormido.

Los Rey Midas de Bryant Park
convirtiendo en cama todo lo tocado.

Los pájaro con hambre de fuentes,
con sed de pobres con sed de puertas de iglesia.

Los cansado.
Los distrito.

Los que rezan al Dios de la mochila.
Los que invocan al menaje de la mañana,
donde un machete vale menos
que un sándwich de atún,
menos que una luminaria de Starbucks.

Los que tienen mirada de museo
y detienen el tráfico,
pestañean,
y todo es movimiento —again—.

Los albaceas de las plazas.
Los que beben el neón del tiempo.

Los paseantes por Battery Park
observando cómo la antorcha pincha la luna
hasta volverla verde
y lloran desde la Isla de Ellis
porque ya no recuerdan ninguna
canción irlandesa
ni cómo la mamma les pintaba
la nariz con tomate.

Los alarma. Los prisa. Los manzana.

Los asomados a los espejos de Brooklyn
para poder sonreír al vecino.

Los que cruzan la noche en una moto de sangre
y miran en el iphone si ha amanecido
y se duermen en el desayuno.

Los del rostro cetrino —única raza—
como la frente de George Washington.

Los que han abandonado la danza de Matisse
y abrazan los testículos de bronce.

Los que echan camarones de hielo a los pingüinos
y bostezan con los guardias.
Los que olvidan que las ardillas son pausas
de un texto del que sólo vemos las comas.

Los olvidados de las ardillas.

Los que devoran el falafel de los chicos Halal.

Los que nunca oyen.
Los que nunca hablan.
Los que nunca ven.
Los monos que ya nunca.

Los de la Séptima con Broadway.

Los penique. Los número.

Los ¡taxi!

Los solo.

Los hombres solos en Nueva York.
Los hombres solos de Nueva York.

Los hombres solo.


Iván Onia Valero

martes, 19 de septiembre de 2017

Apunte para una pesadilla


Ojalá lo cerrante en esta noche,
lo clausurante ahora que la tinta
como vino imposible,
como cuchillo de broma, la pluma
con sangre incorporada que si pincha
escribe:

"duermes junto al que escribe
sobre el misterio hermético de las nueces
y el desconcierto de un perro solo.
Los antiguos caminos agrietados
desde los que se puede ver la nueva autovía
y al perro solo con su danza de orillas
mirando al potro que hay del otro lado".

Cuando llegue la suerte veloz,
la muerte tapizada en cuero azul
con la hojalata de niños dormidos,
las gafas de sol, el lápiz de labios,
la música naranja del domingo,
serás el perro que mira a los potros,
serás el perro que lame lo verde
y despertarás chillando:

ha sido horrible, yo miraba
desde los puentes viejos esa danza
de animal hacia los potros,
yo miraba acercarse el coche verde,
yo era ese perro bailando a la muerte.
Ha sido horrible como una cosa última.
Tú estabas detrás del árbol mirando,
escribiendo deprisa y todo,
deprisa y todo,
mirando a ver si de una vez por nunca.
Abrázame.
Ha sido horrible como una cosa última.
Como el poema que dices que te cierra,
como el poema que dices que no acabas.

Iván Onia Valero

domingo, 17 de septiembre de 2017

Pequeño vals vienés


En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del "Te quiero siempre".

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

Federico García Lorca

sábado, 16 de septiembre de 2017


Cómo se agradece un septiembre a cierta edad. Tarde de sol frío, naufragios silenciosos por el cielo, un viento como una música que no suena, pero emociona las mejillas, un sol redondo y fuera de órbita como una luna equivocada. Las lluvias voluptuosas de este año han puesto verde lo verde, de un verdor intenso y sólido, de un verdor como yo nunca había visto por aquí. O ha nacido un verde nuevo o a determinada altura de la vida se descubren colores, se alcanza al fin la intensidad de la vida, el rubor del planeta, que es verde.

Me resisto a la cuenta atrás o adelante de los años, de los tiempos. No hay otra salvación que el presente, el presente es todo mío y me moriré en presente, con este viento alto, marinero en seco, este sol intemporal y este lujo de verdor que debe tener incendiados y alegres los cementerios.
Vive el presente en el jardín, coronado de pinos y de nubes. Aquí dentro, en casa, los periódicos y los libros, el trabajo y los papeles son un pequeño mundo por donde se ve correr el tiempo. La naturaleza, afuera, es inocente en verde, ignora el tiempo aunque ella sea el tiempo.

Hay bloques de presente a la deriva, en los océanos del cielo. Contra lo que suelo observar, el tiempo y el clima se han desgajado lo uno de lo otro. Cómo se agradece un septiembre a cierta edad. Porque cualquier septiembre es el eterno retorno de septiembre, el eterno retorno de uno mismo. Yo me siento volver con las estaciones, estoy siempre en rotación, vivo dentro del clima y vuelvo a encontrarme bajo el pinabeto o el alto ciruelo donde estaba hace un año, y septiembre, como un oso con frío y amistad, me devuelve todo lo mío: castañas locas, rosas fatigadas, perfumes que me olfatean como esbeltos galgos, abrazos del viento y piñas de verde pesantez. Los árboles siempre te regalan cosas. Serían nuestros abuelos centenarios si no fuesen tan actuales.

Pero dejo el presente en su soledad purísima y sin pájaros, y vuelvo dócilmente a entrar en la corriente doméstica del día, del año, del siglo. Me siento presentísimo, que no es igual que eterno ni quiere serlo.
O eso creo.


Francisco Umbral

viernes, 15 de septiembre de 2017

Señor escribano


¡Ay! manito de mi corazón
que ven a mi verita
que me estoy muriendo,
y yo te pido y te encomiendo
que llames a un escribano
y también a mi primo hermano,
porque quiero hacer testamento
como esos payos con fundamento.

Apúnteme usted, señor escribano,
apúnteme usted:

¡Ay! apúnteme usted un olivar
que ni se ha sembrao ni se sembrará;
apúnteme usted, señor escribano,
apúnteme usted.

Apúnteme usted un camisón
que no tiene cuello, puños ni faldón;
apúnteme usted, señor escribano,
apúnteme usted.

Apúnteme usted un San Lorenzo
que se me fue el santo
y se ha quedado el viento;
apúnteme usted, señor escribano,
apúnteme usted.

¡Ay! apúnteme usted una pistola
que ve a los civiles y dispara sola;
apúnteme usted, señor escribano,
apúnteme usted.

Apúnteme usted tres gallinas
que son más decentes que todas mis vecinas;
apúnteme usted, señor escribano,
apúnteme usted.

Apúnteme usted cinco duros
que si me los presta me sacan de apuros;
apúnteme usted, señor escribano,
apúnteme usted.

Apúnteme usted un cuadro rompío
que ya ni dios sabe el santo que ha sido;
apúnteme usted, señor escribano,
apúnteme usted.


Monreal y Soriano

jueves, 14 de septiembre de 2017

Contra las cosas redondas


Amamos las cosas redondas pensando
que han de ser eternas y amables y perfectas:
el pomelo bajo el rotundo sol de agosto,
la pulsera que orbita alrededor del pulso,
la moneda con dos caras y ninguna cruz,
el balón de playa en cuyo interior aún se respira
un paciente aire de mil novecientos ochenta y dos.

Hay días redondos en los que todo cuadra
y la vida parece marchar sobre ruedas:
alguien, lija en mano, se encargó
de sustraerle al mundo todas las esquinas,
todas las aristas, todos los bordes.

Pero basta que atravieses por un declive
o que todo se vuelva cuesta arriba de repente,
para comprobar que son las cosas redondas
las primeras en abandonar y en echar a correr:
el pomelo, la pulsera, la moneda y el balón.

Me niego en redondo a aceptar tales desplantes.
Ante las formas esféricas opongo las cosas informes.
Elijo las imperfectas, las imprecisas, las irregulares.
Aquellas llenas de taras, de abolladuras o de dobleces.
Hermosas y singulares, sin plegarse a ningún centro,
solo ellas permanecen y nos acompañan siempre.

Jesús Jiménez Domínguez

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Romance de Curro el Palmo


La vida y la muerte
temblando en la boca
tenía Merceditas
la del guardarropa.
La del guardarropa
del tablao del "Lacio",
un falso gitano
ex-bufón de palacio.

Alcahuete noble
que al oír los tiros
recogió las capas
y se pegó el piro.
Se acabó el jaleo
y el racionamiento
le llenó el bolsillo
y montó este invento,
en donde "El Palmo"
canta llorando...

Ay, mi amor,
sin ti no entiendo el despertar.
Ay, mi amor,
sin ti mi cama es ancha.
Ay, mi amor
que me desvela la verdad.
Entre tú y yo, la soledad
y un manojillo de escarcha.

Mil veces le pide...
y mil veces que "nones"
de compartir sueños
catre y macarrones.
Le dice burlona...
..."Carita gitana,
cómo hacer buen vino
de una cepa enana".

Y Curro se muerde
los labios y calla
pues no hizo la mili
por no dar la talla.
Y quien calla, otorga,
como dice el dicho,
y Curro se muere
por ese mal bicho.

¡Ay! quién fuese abrigo
pa' andar contigo...

Buscando el olvido
se dio a la bebida,
al mus, a las quinielas...
Y en horas perdidas
se leyó enterito
a Don Marcial Lafuente,
por no ir tras su paso
como un penitente.

Y una noche, mientras
jaleaba farrucas,
se escapó Mercedes
con un "curapupas"
de clínica propia
y Rolls de contrabando
y entre palma y palma
Curro fue palmando.

Entre cantares
por soleares.

Quizá fue la pena
o falta de hierro,
el caso es que un lunes
nos tocó ir de entierro.
Pésames y flores
y dos lagrimitas
que soltó la Patro
al cerrar la cajita.

A mano derecha
según se va al cielo,
veréis un tablao
que montó Frascuelo,
en donde cada noche
pa' las buenas almas
el Currito "El Palmo"
sigue dando palmas.

Y canta sus males
por "celestiales".

Ay, mi amor,
sin ti no entiendo el despertar.
Ay, mi amor,
sin ti mi cama es ancha.
Ay, mi amor
que me desvela la verdad.
Entre tú y yo, la soledad
y un manojillo de escarcha.

J.M Serrat

lunes, 11 de septiembre de 2017

La casa


no sabes qué decir
a las cosas caídas que se cruzan contigo
ni cómo se alojaron
en tu alcoba
con su lengua de hule,
no sabes la sonrisa de la araña
ni tampoco te importan los glaciares,
te acuerdas
de otra casa dentro de ti,
otras veces,
cuando estar sola sólo era alumbrar
un arco iris
o simplemente ser un árbol,
cuando, con otra voz, los lápices
decían la mudez
del espliego
y no existían ojos recortados
ni muñones,
cuando despacio criabas a tus hijos
y la casa era bella
y la casa era bella
y era isla sublevada a la penumbra
y el cuerpo, entonces sí,
hallaba las palabras.

Paloma Corrales, de El runrún de las palabras (Ediciones La Baragaña)