lunes, 9 de agosto de 2021






















Un domingo de 1974 olvidé dónde había aparcado mi coche. Estuvimos así décadas. Lo que vi cuando logré encontrarlo es un secreto que no le he contado a nadie, pero a ti te lo confiaré. Ven, escucha con atención 

 (Iván Onia Valero) 
📷 @pjmattan

jueves, 11 de febrero de 2021

Antología III

Mi sangre se expande y enriquece, Una sangre de lluvia, estrellas, rocas y flores. Una moneda que muestra al mundo con la vista tardía. Esta sangre de hombre en la corteza y en el mar, Tus acantilados de plancton fluyen del cielo. Este amor en la profundidad. El jardín de las delicias ¿Acaso es nada más que una zona de abismos y volcanes en plena ebullición, predestinada a ciegas para las ceremonias de la especie en esta inexplicable travesía hacia abajo? ¿O tal vez un atajo, una emboscada oscura donde el demonio aspira la inocencia y sella a sangre y fuego su condena en la estirpe del alma?¿ O tan sólo quizás una región marcada como un cruce de encuentro y desencuentro entre dos cuerpos sumisos como soles? No. Ni vivero de la Perpetuación, ni fragua del pecado original, ni trampa del instinto, por más que un solo viento exasperado propague a la vez el humo, la combustión y la ceniza. Ni siquiera un lugar, aunque se precipite el firmamento y haya un cielo que huye, innumerable, como todo instantáneo paraíso. A solas, sólo un número insensato, un pliegue en las membranas de la ausencia, un relámpago sepultado en un jardín. de la doble tiniebla, derribando con cada sacudida la nebulosa maquinaria del planeta, poniendo en suspensión corolas como labios, esferas como frutos palpitantes, burbujas donde late la espuma de otro mundo, constelaciones extraídas vivas de su prado natal, un éxodo de galaxias semejantes a plumas girando locamente en el gran aluvión, en ese torbellino atronador que ya se precipita por el embudo de la muerte con todo el universo en expansión, con todo el universo en contracción para el parto del cielo, y hace estallar de pronto la redoma y dispersa en la sangre la creación. El sexo, sí, más bien una medida: la mitad del deseo, que es apenas la mitad del amor. (Olga Orozco) Pero basta el deseo, el sobresalto del amor, la sirena del viaje, y entonces es más bien un nudo tenso en torno al haz de todos los sentidos y sus múltiples ramas ramificadas hasta el árbol de la primera tentación, hasta el jardín de las delicias y sus secretas ciencias de extravío que se expanden de pronto de la cabeza hasta los pies igual que una sonrisa, lo mismo que una red de ansiosos filamentos arrancados al rayo, la corriente erizada reptando en busca del exterminio 0 la salida, escurriéndose adentro, arrastrada por esos sortilegios que son como tentáculos de mar y arrebatan con vértigo indecible hasta el fondo del tacto, hasta el centro sin fin que se desfonda cayendo hacia lo alto, mientras pasa y traspasa esa orgánica noche interrogante de crestas y de hocicos y bocinas, con jadeo de bestia fugitiva, con su flanco azuzado por el látigo del horizonte inalcanzable, con sus ojos abiertos al misterio. "Entre tus brazos entre mis brazos entre las blandas sábanas entre la noche tiernos solos feroces entre la sombra entre las horas entre un antes y un después". (Idea Vilariño) Gacela de la cueva rumorosa No conozco cueva alguna que tenga más recovecos ni más ciervos, ni más hadas que la tuya, amor mío, que la mía. (Carmen Díaz Margarit) estate cerca de mi porque sólo entonces no tengo frío el espacio es gélido cuando pienso en su extensión y en la mía entonces necesito tus dos brazos cerrados dos rayos del cosmos Halina Poswiatowska (1935-1967) "Te quiero y soy así. Cuando desaparezca por el invisible abismo, seguiré siendo la misma y diciéndote lo mismo". (Gloria Fuertes) Amargo es el amor si está oculto como el lirio estrellado que en el campo en verano florece entre malezas. (Japón, s.Vll) “Tú eres el color de mi sangre” (Jeannette Winterson) "En el momento de despertar Antes de ponerme mi maquillaje Digo una pequeña plegaria por ti Mientras me peino, Y me pregunto que vestido usaré, Digo una pequeña plegaria por ti Por siempre, por siempre, estarás en mi corazón Y te amaré Por siempre, por siempre, nunca nos separaremos Oh, como te amo Juntos, juntos, así es como debe ser Vivir sin ti Sería solo romperme el corazón". "Que lo diga la noche. Que digan que te quiero las estrellas, los rumores lejanos, la distancia". Jaime Sabines SI CONOCIÉRAMOS EL PUNTO Si conociéramos el punto donde va a romperse algo, donde se cortará el hilo de los besos, donde una mirada dejará de encontrarse con otra mirada, donde el corazón saltará hacia otro sitio, podríamos poner otro punto sobre ese punto o por lo menos acompañarlo al romperse. Si conociéramos el punto donde algo va a fundirse con algo, donde el desierto se encontrará con la lluvia, donde el abrazo se tocará con la vida, donde mi muerte se aproximará a la tuya, podríamos desenvolver ese punto como una serpentina o por lo menos cantarlo hasta morirnos. Si conociéramos el punto donde algo será siempre ese algo, donde el hueso no olvidará a la carne, donde la fuente es madre de otra fuente, donde el pasado nunca será pasado, podríamos dejar sólo ese punto y borrar todos los otros o guardarlo por lo menos en un lugar más seguro. Roberto Juarroz Mi altar pagano (por Percy Bysshe Shelley) Mujer mía, mi altar pagano, a la que taño y acaricio con dedos de luz, mi joven bosque en que paso el invierno mi neurótico, impuro y tierno emblema, escribo tu aliento y anoto tu cuerpo sobre papel pautado para música y junto a tu oído prometo horóscopos recién creados y te preparo una vez más para viajes por el mundo y para una estancia en una Austria u otra pero por dioses y constelaciones la felicidad eterna se vuelve también mortalmente agotadora, y yo no tengo casa, ni tengo cama, ni siquiera flores de cumpleaños para ti te anoto en un papel mientras creces y floreces como orquídea de julio En las barreras que carcomíamos (Anne Sexton) Te pienso en la cama, tu lengua mitad chocolate, mitad océano, en las casas adonde llegas, en tu cabeza con pelo de alambre, en tus manos persistentes y también en las barreras que carcomíamos, pues somos dos. Cómo entras y tomas mi copa de sangre y me unes y te llevas mi salmuera. Estamos desvestidos. Desnudos hasta los huesos y nadamos uno tras otro y remontamos y remontamos el río, el río idéntico llamado Mío y entramos juntos. Nadie está solo. Tal vez solo una vez Hubo una vez (y fueron tantas veces) un hombre que adoraba a una mujer. Hubo una vez (la vez fue muchas veces) que una mujer a un hombre idolatraba. Hubo una vez (lo fue muchas más veces) una mujer y un hombre que no amaban a aquel o aquella que los adoraban. Hubo una vez (tal vez solo una vez) una mujer y un hombre que se amaban. Robert Desnos Tus ojos y mis ojos queden juntos (por Carlos Germán Belli) Nuestro amor no está en nuestros respectivos y castos genitales, nuestro amor tampoco en nuestra boca, ni en las manos: todo nuestro amor guárdase con pálpito bajo la sangre pura de los ojos. Mi amor, tu amor esperan que la muerte se robe los huesos, el diente y la uña, esperan que en el valle solamente tus ojos y mis ojos queden juntos, mirándose ya fuera de sus órbitas, más bien como dos astros, como uno. "He vuelto mis ojos, convocados por ti. Esta tormenta que surge no retendrá mi espíritu, sino que lo exaltará. Todo mi cielo residió en tu pecho, y sólo allí encontraré la eternidad". (Charlotte Brontë) Cristales de tu ausencia acribillan mi voz, que se esparce en la noche por el glacial desierto de mi alcoba. —Yo quisiera ser ángel y soy loba—. Yo quisiera ser luminosamente tuya y soy oscuramente mía. (Gloria Fuertes) Para entrar en tus sueños Me gustaría verte dormir, aunque podría no suceder. Me gustaría mirarte durmiendo. Me gustaría dormir contigo, para entrar en tus sueños mientras su suave ola oscura se desliza por mi cabeza, y para caminar contigo a través de ese resplandeciente bosque tembloroso de hojas azules y verdes con su sol diluido y sus tres lunas hacia la cueva donde debes descender, hacia el peor de tus miedos, me gustaría darte la rama de plata, la pequeña flor blanca, la única palabra que va a protegerte de la aflicción en el centro de tus sueños, de la aflicción en el centro. Me gustaría seguirte otra vez por las largas escaleras y convertirme en el bote que te lleve remando con cuidado de vuelta, una llama en dos manos ahuecadas hasta donde tu cuerpo descansa junto al mío, y entras en él tan fácilmente como en un respiro, me gustaría ser el aire que te habita solo por un momento. Me gustaría pasar así de inadvertida y ser así de necesaria. (Margaret Atwood) Como soy reina y fui mendiga, ahora vivo en puro temblor de que me dejes, y te pregunto, pálida, a cada hora: ¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes! Quisiera hacer las marchas sonriendo y confiando ahora que has venido; pero hasta en el dormir estoy temiendo y pregunto entre sueños: «¿No te has ido? (Gabriela Mistral) Si mi flor me llamara… (por Juvencio Valle) (Allá iría arrastrando azadas y regaderas, jardinero celoso iría con mis botánicas, todas mis herramientas de sueño y bolsillo: mis cúpulas invernales para su débil talle, y mis mojadas basílicas para que su frente hallara como en un templo su reclinatorio. Si hoy mismo me solicitara iría volando, tomaría el tren del Sur para ir en su ayuda; sé que el hacha se ha alzado contra su tienda, aguijaría el caballo, llegaría como desvelado con las manos en alto, antes que el huracán se me adelantara apagándome su dulce llama). Parezco todo un sabio —de larguísima barba— cuando alguna tarde suelo —por ver y por saber o por capricho— examinar a fondo el heliotropo, y cojo la flor y la levanto como a una mariposa entre el pulgar y el índice. A contraluz, atento, la contemplo, desde abajo la miro, y ya un pequeño vaivén, un soplo de aire, me echa sobre la cara algún pétalo suelto o el polvillo dorado de su escondida luna. La llevo hasta mi mesa y sobre un libro abierto la deposito; allí, mi mínima víctima, se me queda dispuesta y silenciosa: cabellera cortada, puñado de perfume. Fruncido el entrecejo, amurallado entre gruesos tratados, vidrios de aumentos, lupas, estudio a mi prisionera; pero ella, como única defensa —oh, poder de la gracia—, perfumándome los ojos me invalida. (Juvencio Valle) ALBADA Somos como los siglos antes de separarse. Espera un poco más, amor, que el mar está lloviéndose aún, que no llegamos tarde. Que ya no teme la semilla caer sobre la roca, y el silencio y la oscuridad se besan, y mi mano te busca, y hay otros en nosotros que se tocan sus pieles encendidas. Estar desnudos es venir de lejos y siempre estar llegando. Espera un poco más, amor, que nada es poco para los que esperan tanto. Que el aire se hará llama, como la voz aliento, como ahora es de noche y el ojo mira a las estrellas, y las estrellas miran hacia dentro. (Abraham Gragera) PERSISTENCIA Todavía estás cerca todavía aquí de este lado del mundo hoy nos despierta lo que dicen las lluvias al caerse las mismas lluvias bajo distintos techos ellas saben tan tropiezo la lluvia tan destino de gota persistente azorados todavía las oímos cerca y ojalá y entonces yo le pido a la lluvia que te alcance su manera /tan blanda de estar ahí de esperar mientras se fulminan las estrellas una a una /delante nuestro y los planetas cercanos se vuelven más y más abstractos cómo alcanzar pregunto la persistencia firme de la gota /en la piedra tan certera tan blanda en la dureza creciente de los días y sólo desearía hacer un hueco hacer un hueco y entonces ahuecarte y en ese hueco guardar algo de luz (Raquel Jaduszliwer) LILAS ACUÁTICAS FLORECEN (El Emperador Wu, de Liang, 464-549, también llamado Hsiao Tsu Yun) Lilas acuáticas florecen en el Gran Río. Rojo brillante sobre el agua verde. Su color es el mismo que el de nuestros corazones. Sus raíces toman un desvío. Las nuestras no pueden ser separadas. Hora de nacer (xv) -Avanza, avanza... -Yo avanzo... Yo estoy. ¡Bajo! En ti me meto, flor, más flor, más flor...¡mi llama! Diminuta flor que fuiste cuando al avanzar bajé: total flor sin dimensiones ahora -unidad de calor- roja, me vas encendiendo en ti, y enciendes un mundo sin relación de corola -sin forma tuya-, en acción. Y avanzo, acabo el pistilo Y te unifico "¡Ay, amor!". Ay, amor, en tu regazo -"¡Ay, amor!"-: rindo el sentido. Duerme flor, más flor, más flor. Duerme sin sueño. ¡No salgas! Nuestra unión no acaba. Escucha... En mañana mira, mira... Ya el aire está modelando la luz, y pesando el hueco de los dos, ya concebidos en flor de un ser que ya somos: ¡avanza! ¡avanza!... -Yo avanzo... Yo estoy. ¡Bajo! ¡En ti me quedo, flor, más flor, más flor!: ¡Vivimos gracia en gracias!... -¿Al fin nacemos? (Emilio Prados) Ahora Porque ahora paso mi mano sobre el envés de las hojas y sé leer [su alfabeto y si cierro los ojos oigo correr un río y es tu voz que despierta porque mi cuerpo comienza ahora en ti y acaba más allá de la lluvia donde alcanzan tus brazos y el miedo acuartelado no vigila y sé llamar las cosas de modo que éstas salten se desnuden y todo sea reciente para mis ojos que aman en tus ojos porque en mi llanto crecen plantas carnívoras y mi sangre palpita como una iguana abierta porque ahora mi cuerpo recupera sus partes y nace una piel nueva que derrota el verano porque me has hecho respirar (Piedad Bonnet) DE AQUÍ A LA ETERNIDAD Descubrir a Dios entre las sábanas -no en el templo fariseo ni en la altiva mezquita- sábanas blancas sudario del amor que te cubría manto sagrado iniciar la bienaventurada ascensión de tu piel a la eternidad de tu vientre al círculo celestial sentir a Dios en tus húmedas cavidades en el grito vertiginoso de la jauría de tus vísceras saber que Dios está escondido entre las sábanas sudoroso consagrando tu sangre menstrual elevando el cáliz de tu vientre descubrir de pronto que Dios era una diosa, última ascesis, de aquí a la eternidad. (Cristina Peri Rossi) La llave maestra La luz de su cuarto me habla de él cuando no está, me acompaña cuando tengo miedo, y siempre tengo miedo porque soy valiente; oye su paso sobre los mosaicos de la entrada va a su encuentro cuando abre la puerta lentamente cuando lo espero, y siempre lo espero; lo mismo es para la luz eléctrica que para la luz del sol, lo mismo para el sol que la luna o la estrella. Un tapiz forma la luz complicada es la vida y siempre la vida. Si me quedara ciega la vería con mis patas o tal vez con mi frente cuando llega. El tapiz no lo forma la luz sino su llegada, el sonido que cambia de oscuro en claro. El tablero de la luz tiene varias llaves pero una gobierna el resto: se llama la llave maestra. Del mismo modo el tablero de mi luz tiene una sola llave que gobierna las otras la llave que está en sus manos. Apagaría todas las luces si quisiera pero yo cierro los ojos para no ver la oscuridad que podría ser luz para no herirlo. (Silvina Ocampo) Yo pensé, vayamos lentamente con esto. Es importante. Deberíamos pensarlo en profundidad. Deberíamos dar pequeños pasos meditados. Pero, bendícenos, no lo hicimos. (Mary Oliver) "Si yo me atrevo a mirar y a decir es por tu sombra unida tan suave a mi nombre". (Alejandra Pizarnik) TIEMPOS Siempre te amo por primera vez. Siempre te amo la primera vez. (Juan Gelman) VII Te amo hasta los límites extremos: la yema palpitante de los dedos, la punta vibratoria del cabello. Creo en Ti con los párpados cerrados. Creo en Tu fuego siempre renovado. Mi corazón se ensancha por contener Tus ámbitos. (Rosario Castellanos) PAUSA Me parecía que este día sin ti tenía que ser inquieto, oscuro. Sin embargo está lleno de una extraña dulzura, que aumenta con el paso de las horas igual que la tierra después de un chubasco, se queda sola en silencio para beberse el agua caída, y poco a poco en sus venas más profundas se siente penetrada. La felicidad que ayer fue angustia, tempestad, vuelve ahora en breves oleadas al corazón como mar apaciguado. Bajo el suave sol reaparecido brillan cándidas ofrendas: las conchas que la ola dejó en la orilla. Antonia Pozzi Tu sabor se anticipa entre las uvas que lentamente ceden a la lengua comunicando azúcares intimos y selectos. Tu presencia es el júbilo. Cuando partes, arrasas jardines y transformas la feliz somnolencia de la tórtola en una fiera expectación de galgos. Y, amor, cuando regresas el ánimo turbado te presiente como los siervos jóvenes la vecindad del agua. (Rosario Castellanos) Convulsa entre tus brazos como mar entre rocas, rompiéndome en el filo del gozo o mansamente lamiendo las arenas asoleadas. Bajo tu tacto tiemblo como un arco en tensión palpitante de flechas y de agudos silbidos inminentes. Mi sangre se enardece igual que una jauría olfateando la presa y el estrago pero bajo tu voz mi corazón se rinde en palomas devotas y sumidas. (Rosario Castellanos) SIEMPRE CREÍ QUE SOLO LAS PALABRAS Siempre creí que solo las palabras salían de mi boca, y que eran ellas las que lograban aplazar mi muerte. Hoy sé que de mi boca sale un hilo, transparente y tenaz como un insomnio, que te ha atado a mi vida para siempre. (Amalia Bautista) Soliloquio final del amante interior Luz, primera luz de la noche, como en un cuarto En el que descansamos y, casi por nada, pensamos Que el mundo imaginado es bien esencial. Este es, por tanto, el más intenso rendez-vous. Es en esta idea en la que nos recogemos, Fuera de todas las indiferencias, en una sola cosa: Dentro de una sola cosa, un solo chal Que nos abriga bien, pues somos pobres, un calor, Una luz, un poder, la milagrosa influencia. Ahora, aquí, nos olvidamos el uno al otro y de nosotros. Sentimos la oscuridad de un orden, una totalidad, Un conocer, lo que arregló la cita, Dentro de su vital circunscripción, en la mente. Decimos: Dios y la imaginación son uno. La candela más alta, que alta ilumina lo oscuro… Y fuera de esta luz, de esta mente central, Hacemos nuestra casa en el aire nocturno, Donde estar los dos juntos es lo suficiente. (Wallace Stevens) la estrella centelleante es del ciprés la fruta balanceando la noche lenta del verano; la vida en sus velos desnuda por su ruta despliega tu esplendor cada vez más cercano. tu amor y mi amor, nuestros cuerpos y el latido, serán nuevamente diversa infinidad; la araña constante extiende su tejido y el universo atroz teje la eternidad. el mar sin mañana nos trae a la ribera, nos lleva debajo de una puerta soñera; en todo morirnos, en todo renacemos, pero en el corazón de sed desconocida amor y esperanza imaginan que vemos de aquella muerte el astro engendrar esta vida. (Marguerite Yourcenar) "Yo existo en dos lugares, aquí y donde tú estés". (Margaret Atwood) Deslumbramiento por el deseo Instantáneo relámpago tu aparición Te asomas súbitamente en un vértigo de fuego y música por donde desapareces Deslumbras mis ojos y quedas en el aire (Raúl Gómez Jattin) Por rabioso fuego (por Clara Janés) Y no por el hielo negro y no por hielo que sea muerte por rabioso fuego que prende ya en las raíces del árbol que desde el hondo desgarro de la raíz de la tierra me sostiene eco que me vivifica mientras entrego el aliento voces en llamas te llaman desde mi fondo de fuego lenguas que no por hielo que no por el hielo negro tu acristalada blancura cisne de amor incandescente en mi canto se aposenta centellas voy hacia el aire voy hacia ti llameando que no por el hielo negro cisne de aire cisne de aire y silencio. ILÍCITO (1915) Delante de las sombrías montañas, un suave, perdido lazo de arco iris, Y entre nosotros y eso, el trueno; Y debajo, en el trigo verde, los peones Parados como oscuros tocones, todavía en el trigo verde. Tú estás cerca mío, y tus pies desnudos en sus sandalias, Y a través del perfume de la madera desnuda del balcón Distingo el perfume de tu pelo; así que ahora los ágiles Rayos caen desde el cielo. Abajo en el verde pálido, río-glacial flota Una barca oscura a través del clima gris - ¿y adónde? Los truenos rugen. Pero todavía nos tenemos el uno al otro. Los desnudos rayos en el cielo vacilan Y desaparecen. ¿Qué tenemos sino el uno al otro? La barca se ha ido. (D.H.Lawrence) Adentro, más adentro... Adentro, más adentro, hasta encontrar en mí todas las cosas. Afuera, más afuera, hasta llegar a ti en todas las cosas. secreto panteísmo. Mi oración es así. Tú estás en todo y todo en mí. Gerardo Diego La dicha, qué es la dicha? La dicha, qué es la dicha? (La palabra no me hace feliz, dicho de paso). Yo diría que es sencillamente ir contigo de la mano, detenerse un momento porque un olor nos llama, una luz nos recorre, algo que nos calienta por dentro, que nos hace pensar que no es la vida, la que nos lleva, sino que nosotros somos la vida, que vivir es eso, sencillamente eso. (José Antonio Muñoz Rojas) XV Amor, es necesario desear algo, aunque sea la lluvia o la escarcha; lo que no puede ser es permanecer ante las montañas sin dirigirles palabras cariñosas, ver los ríos viajar continuamente sin desearles buen viaje. Hay que ser complaciente con todas las cosas, las que existen y las que no existen. No olvidar cuando salgamos que no sabemos cuándo será el retorno, y que puede presentarse la ocasión de convidar a migajas de pan a los gorriones, a pan y sal a los borregos, que podemos ir a parar a la Arabia, donde los camellos se mueren de sed, y les salvaríamos la vida si con la cartera y el portamonedas hubiéramos puesto en nuestro bolsillo un vaso, que el agua ya se encargarán los cielos de que no falte. (José Antonio Muñoz Rojas) "Si usted quiere saber donde está su corazón, mire dónde va su mente cuando se pasea". (Walt Whitman) Ciegos de luz bajo la sombra contemplamos Aquello sin forma ni figura, invocamos a Aquello sin nombre. El sol se pierde tras los árboles. Rayos oblicuos pasan entre las hojas, llegan hasta la orilla del estanque, danzan, danzan sobre el agua. Claridad absorta en sí misma, el brillo en tu mirada. Y en esa luz se cumple todo impulso. Hemos estado desde siempre bajo estos pabellones, y la tersura de la hoja del baniano habita nuestro tacto. Elsa Cross No moriré mientras tú vivas. Desesperadamente mis raíces se alargan. Eres agua y te busco. Me revuelco como un pez en la tierra cuando tú pasas. (Margarita Ferreras) Revuelo Mira que tu llegada me ha aturdido los pájaros del alma... Que tu sola mirada causó revuelo a mis aves enlatadas... Mi aletear insólito se ha dejado escuchar con tu presencia. Mira que temblorosas buscan el nido y lloran el no hallarte. Debes saber que han huido sacudidas por los vientos inauditos las golondrinas de mis sueños, lejos desde que tú has venido. Ven, encierra una a una con amorosa mano las bandadas que asustadizas vuelan y por la tarde de la vida anidan bajo tu alero, amor, y para siempre. (Ángela Valle) NOCTURNO Déjame nadar por tus venas, por tus ríos de sangre y de saliva, por tus mandíbulas de sombra, por tus rincones tiernos, por tus lentos respiros, por tus ojos serenos, por tus palabras tristes, por tu sonrisa inquieta, por tu marcha sobre el asfalto turbio de las ciudades: déjame serte. Susana Thénon Que haría yo sin tus flores que haría yo sin esta permanencia de tu gesto y tu lugar Que haría yo si debiera pensar en pérdida olvido y sobre todo final Que haría yo si no tuviera la certidumbre de tu memoria Juana Bignozzi Mi voz se fue amoldando a sus tejidos. Se detuvo. Creyó no poder más y continuó. Conocí así un cauce nunca antes descrito, un lugar del que era parte sin saberlo. Al que volvió después. Abrió sus puertas, dio principio a los oídos. Caracol de oleajes vigorosos, saciaba todas las esperas penetrando el cuerpo en rojo intenso. Luego tu voz ventisca, desde las copas de bosques invernales, de huertos de la tundra, desde el encino, el cedro, y desde el tamarindo, atravesaba a los despiertos que caminan saboreando la melodiosa sequedad del trueno. (Pura López Colomé) Recién aserrada oliendo-a-limpio casa dulce cedro rosado tinte carnal te amo (Lorine Niedecker) "¿Cómo lograste descubrir mi alma?" (Friedrich Nietzsche) Como ya nada puedo imaginar por mí ─claro, entre luces estoy viviendo, y el amor me agobia, me emborracha, me enferma─, quiero decir tan solamente lo que me has enseñado, los secretos que en mí vas alumbrando, las pequeñas verdades que levantas sobre mi viejo tiempo de ceniza. Por ejemplo, de golpe me enseñaste que hay muchas cosas mías en el mundo; que soy rico. Que tengo en todas partes lugares que, por ti, me pertenecen; lugares, fechas, luces, que he tomado sencillamente, porque en ellos he pasado contigo, y en ellos te has quedado para siempre. Nunca pensé que hubiera tanta parte de mi ternura en cosas, en momentos que están y pasan cerca, a todas horas. Hoy, por ti, me conmueven las canciones de amor de un limosnero que canta en el camión al que he subido, y son tesoros míos incomparables un cabello robado, un recordado perfume, unas palabras, un pañuelo con pintura de labios. Me has enseñado que soy joven; que puedo, sin temor, verte a los ojos o besarte delante de las gentes. Me tengo que reír con toda el alma cuando recuerdo mi tristeza. Hoy lo sé: soy alegre. Me contentan el ruido y el silencio, las noches me contentan y los días, la voz, el cuerpo, el alma, me contentan. Cuando me he despedido de ti, después de un día de tenerte, y camino de gusto por las calles, ay, cómo compadezco a los que tú no amas, que no saben. Y me dan ganas de abrazarlos a todos, de gritarles que la vida es buena; que tú vives, que debemos obligatoriametne ser felices. O de echarme al suelo, boca arriba con los ojos cerrados, y cuando alguno llegue a preguntarme si algo me pasa, contestar: “Es sólo que soy feliz porque la quiero”. Y tú, que tanto tiempo me ocultaste lo que era yo, al sentirme pensarás que soy bueno o que estoy loco, y desde cerca o desde lejos me mirarás compadecida, y sonreirás tendiéndome la mano. (Rubén Bonifaz Nuño) (...) si tu esquina de sol con ronda y piel de niño si mi piel en silencio y mis raíces si la noche y el árbol y su cielo y las ventanas y un gato y la vereda si todo de pronto mar abierto me diera la mano para encontrarte ay si tu forma de lluvia me mojara (Roberto Jorge Santoro) ¿De qué modo te quiero? Pues te quiero hasta el abismo y la región más alta a que puedo llegar cuando persigo los límites del Ser y el Ideal. Te quiero en el vivir más cotidiano, con el sol y a la luz de una candela. Con libertad, como se aspira al Bien; con la inocencia del que ansía gloria. Te quiero con la fiebre que antes puse en mi dolor y con mi fe de niña, con el amor que yo creí perder al perder a mis santos… Con las lágrimas y el sonreír de mi vida… Y si Dios quiere, te querré mucho más tras de la muerte. (Elizabeth Barrett Browning) Ves como te quiero (Eto, kako te volim) Ves, como te quiero: como aves que salen de viaje a través del océano sin tener en cuenta ni el tiempo ni la lejanía ni las fuerzas necesarias para cruzar el ancho mar, sin preocuparse de las lluvias, tempestades, ni la furia de los vientos ni de dónde dormirán, ni de qué comerán ni de si esperarán el alba en vida ves, por qué te quiero: porque en mí despiertas lo indecible y lo más fuerte de la vida lo que y a ellos persigue hasta el cielo anhelantes ante todo el calor sin pensarlo, sin hacer cuentas, sin cobertura, como una, va toda la bandada – sólo extienden sus alas y vuelan al vacío embelesados, igual que yo a tus ojos sólo al sordo azul mirando y vuelan así, creyendo que llegarán al final del mundo (Vinko Kalinic)

miércoles, 15 de abril de 2020

Santa Teresa



Hay un pie en algún lugar, no aquí, no ahora. Yo soy un hombre esperando un pie. En la cafetería El duque, los platitos para café se abrazan al chocar, se apilan en 20 abrazos, un abrazo mal dado y la pila fallara, morirán de amor mientras las cucharillas se ríen y aplauden como pequeños monos de plata.
El camarero dice goodnight, señorita bonjour, monsieur ¿chocolá? ¡Dame churros!
Dame una, dame dos, que estén calentitos, disculpe el servicio es solo para clientes, ¿Café, caballero, chocolá? Usted, joven si quiere, puede usarlo, ¿No tienes ganas de mear? Están muy ricos los churros, verdad, están buenos aquí y sirve otro chocolate mientras silba "Todo me parece bonito" de jarabe de palo.

Yo soy un hombre, un muchacho, un usted, un joven, un hombre apurando un café, esperando un pie que está en algún lugar, machacando churros con mis muelas empastadas y la mirada perdida. Mis ojos se hunden hasta 1998 cuando el profesor de historia del arte nos enseñó la diapositiva del éxtasis de Santa Teresa. Nos dijo miren, pero miren bien, en 1647 el cardenal Cornaro cogió a Bernini del hombro y le dijo: "me queda poco tiempo, amigo, haz que me vaya al otro lado en un Ferrari blanco, haz con tus manos un bólido de mármol, Gian Lorenzo" y el napolitano inventó el sexo de los ángeles, le volvió los ojos a la Santa y los elevó a tres metros del suelo. Hasta aquí todo perfecto, va bene, niños, nunca antes el orgasmo femenino había sido representado de esta forma y bla bla bla...pero miren bien, por el amor de Dios, observen lo que casi nadie es capaz de mirar, el pie esculpido, dejado abandonado, volado, suspendido, pie casi paloma, el pie arrebatado de su función primera, el pie sin un solo paso, lo gratuito, el exceso, no hacía falta ese pie, casi nadie iba a mirarlo, pero cuando se mira, el resto sobra, el cardenal Cornaro está aún viajando en ese pie rumbo a los testículos de Dios, la eternidad, casi 400 años a lomos de un empeine, deseando ver las barbas del Creador, esa estrella atea. Y yo miré el pie para siempre.
Como repetí curso ese año, al siguiente, una nueva profesora nos enseñó de nuevo la imagen, pero no reparó en la extremidad divina, solo nos dijo que la Santa, cuando fue esculpida, estaba menstruando, y yo me empalmé como un tiburón adolescente.

Desde entonces hasta esta tarde de Navidad yo soy el hombre que está esperando un pie. El pie que está en algún lugar, sé que está cerca; debajo del ministerio del día, del carruaje de las horas, de las avenidas enjoyadas, de la puntualidad del hambre, de la cacharrería de los turistas amándose debajo de las luces, del ruido de sus abrigos.
Todo lo que acontece intenta enterrarlo, ennegrecer su blancura, pero el pie existe en su coordenada, en su zapato triste, viene y va, lleva una santa Teresa encima que puede que en este momento ande cerca, puede que haya entrado en el supermercado a comprar medio kilo de algo, a lo mejor está en la farmacia pidiendo un consejo al boticario que la tranquiliza, mi Santa Teresa viene y va por la ciudad. Hay luna llena, menstrua despacito, está dentro de un eufemismo, un óvulo se le ha caído como una naranja aburrida, se desangra por esa herida milagrosa que sana. No se da cuenta de que una gota de sangre desciende por sus muslos hasta el empeine y que yo voy a encontrarla, de que voy a comulgar en su pie.
Diría que anochece, pero el camarero me trae monedas en un platito arrancado de la pila, me rompe la última metáfora y sigue silbando.
Todo me parece rojo y bonito.
Podría decir que anochece, pero en realidad a la tarde le ha bajado la regla.

Iván Onia Valero

miércoles, 8 de abril de 2020

Variación sobre un tema de Idea Vilariño


Ya no será la muerte,
ya no
vivirá junto a nosotros
no criará a nuestros hijos
no romperá este abrigo
ni vendrá en la oscuridad
no me verá besarte al salir de casa
nunca sabrá quiénes fuimos
ni por qué nos amamos
jamás conocerá qué me decías
o que te decía yo a ti
ni todo lo cierto que era lo dicho
no sabrá el temblor de vernos vivir
de esperarte
de verte cocinar
o lavarte los dientes.

Somos un simple pronombre
redondo, inédito,
sólo somos un nosotros
tremendo que la muerte no llegará
a conocer.
La muerte sin futuro
no sabrá dónde vivimos.
No me verá abrazarte
como esta noche, nunca.
No volverá a tocarnos.
No te veré morir.

Iván Onia Valero


domingo, 5 de abril de 2020

El gato


El traje es el mismo todas las noches, únicamente cambia el color de la corbata; morada los lunes, amarilla los jueves. Y, entre los brazos, como algo a punto de derramarse siempre, trae flores; narcisos los martes, peonías del sábado.

Se coloca bajo la ventana de una habitación y, al iluminarse, puede vérsele rezar o invocar entre dientes algo que no llego siquiera a intuir.
Antes de apagar la lámpara, una mano blanca asoma por el hueco. Solo es una mano sin un rostro detrás que deja caer una raspa de pescado.

Entonces él la recoge del suelo y deja el ramo en el lugar donde cayó, besa la cabeza a la sardina antes de guardarla en el bolsillo de la chaqueta y después lanza un grito, tan agudo y desesperado, que nunca falta quien se despierta y piensa en los malditos gatos que vienen hasta aquí a enamorarse.

Iván Onia Valero

viernes, 3 de abril de 2020

Los habitantes


Mucho después, en el origen.
Hermanos del primer adverbio.
Novios solos de lo que aún no hay.
Príncipes de la inexistencia.

Se miran.

Cuando aun no hay acuerdo sobre
qué será luz y qué oscuridad,
se miran.
Con el ojo anfibio
y la sangre analfabeta,
se miran.

Se buscan en el pelo a la especie.
Se huelen para ahuyentar el miedo.
Se lamen un pie para entenderse.

Son los primeros habitantes.
La historia no hablará de ellos.

El tiempo empezará en poco tiempo.

Se están mirando.


Iván Onia Valero
Cuadro: Cupido y Psique, Bouguereau, 1890

jueves, 2 de abril de 2020


A veces un cuerpo no es más que una mano dentro
de una copa de champán,
una mano que saluda al futuro
y lo celebra con el fantasma de una uva.
A veces un cuerpo es una espera en la estación, como dos novios que,
en breve,
van a ser un novio y una novia con la misma lágrima diciéndose:
hasta pronto, amor,
ya es de día o noviembre,
como prometiste.

A veces es una ventana,
una buhardilla con una cabeza que nos dice sube, ven, aquí hay vino y queso,
pero esto no será París
hasta que vengas.

Otras, como una planta que nadie
nunca ha visto
y ha muerto de verduras y rojeces,
entre cadáveres de frutas
y flores animales,
dentro de un supermercado.

A veces un cuerpo es un menaje
de cuchillos rosas,
de hermosas rodillas
como cilindros celestes,
pistones y poleas,
con los que Dios juega
en el taller de los verbos y la luz.

Pero otras, un cuerpo es sólo un cuerpo, el olor
que lo precede,
la sandalia romana
que lo acerca.
Un cuerpo es el hueco
que un cuerpo deja,
su ausencia prometiendo
el regreso.

Iván Onia Valero

martes, 31 de marzo de 2020

Pequeña tarantela nocturna


Quema la Luna allá en el cielo y yo ardo
si no la miro.
Fuego que se consume, como mi corazón pensando en los caballos.
El alma llora un dolor en la edad de las tizas.
No hay paz, qué noche tan oscura la de las madres perdidas.
El tiempo pasa
el incendio blanco que ella trajo nunca termina.

No habría más Sol si jamás hubiese regresado desde siempre.

La tierra arde y me quema el corazón
pequeño, mineral, diurno...

Qué sed de agua la tierra tiene.
Y yo, qué sed de amor tuve.
Hubo un tiempo en que fui grande
como la hormiga del sueño
y la lluvia lavaba mis edades.
A ti te canto ahora
la pequeña tarantela del que arde,
hasta el fin de los días conocidos,
la breve canción
del que ya no sabe dormir.

Iván Onia Valero

lunes, 30 de marzo de 2020

Clase de anatomía


En las noches claras se le puede ver, a oscuras, buscando en las axilas de la mujer dormida. Después de un rato encuentra las dos monedas.
Ahora se tumba junto a ella y se las coloca sobre los ojos para cruzar al otro lado.

Toda la noche la pasa así; visitando a sus perros, saludando a los antepasados, los viejos hermanos que fundaron el próspero negocio de la familia que mucho después heredaría papá y, más cerca, a la abuela, que le toca la cabeza como deshaciendo una bufanda. También están los balones pinchados o el pato cojo que no pasó de esa tarde.

Bucea en su pasado de hombre vivo hasta encontrar a la mujer que duerme junto a él, cuando ella le abrochó el botón de la camisa sin conocerle.
Algunas jaulas han de cerrarse para que un pájaro exista, eso dijo.

A la hora que debe, el barquero lo regresa de este lado y él vuelve a esconder las dos monedas en el cuerpo de la muchacha.

Luego se ducha y piensa que, cualquier noche, cuando no sea capaz de regresar y lo den por un muerto de tantos, quizás lo abran delante de un grupo de estudiantes. El profesor con guantes cogerá su corazón, lo pondrá en una bandeja y, señalando con el bisturí, hablará de muchas cosas que en nada se parecerán a lo que sucede.

Iván Onia Valero

viernes, 27 de marzo de 2020

El pescador


Yo soy el pescador,
el que con nardos llama a las sardinas,
el que tira cerezas a las olas.

En cada mano tengo un anzuelo
por si alguna vez ella se pregunta
¿quién
es el que atrapa la rana de mi estómago,
la langosta que pinza mi sangre,
el calamar que me nada en las venas?

Madrugo mucho,
llegaré a no dormir nunca pensando
en mi barca y en su blanco nombre de nadie.

Llegaré a no dormir nunca si anudo
mi red, si mastico un hueso de plata
y si llego el primero a los mercados
para vender mi historia:

yo soy el pescador,
el que enseña a flotar a las manzanas,
el que toca las branquias de la pena,
el que pincha la panza de la luna,
el que cose salabres con un lápiz,
el que le habla al ángel del agua,
el que cree que el fuego es la leyenda
que las sirenas cuentan a sus hijos.
El que ha escrito los peces esta noche.

Yo soy el pescador.
El que silba si en ella piensa.

Iván Onia Valero

📸El pescador y la sirena
Frederic Leighton

martes, 24 de marzo de 2020


Después de que pase otro día más,
después de que nada haya ocurrido hoy;
el rey sigue vivo,
los grandes monumentos en pie,
el gusano en la panza del tomate,
el vecino en su sueño con moscas,
la cal enfriando la casa del pueblo.

Después de que nada parezca ocurrir,
el pronombre "tú" persiste contigo dentro,
colgando de la siesta, como un galgo
de un árbol al que se entra por una puerta azul.
Si digo este pronombre, digo el silencio,
igual que el niño de arriba se calla
cuando en la tele anuncian que han encontrado un planeta habitable
o que mañana, por extraño que parezca,
va a llover.

Iván Onia Valero

lunes, 23 de marzo de 2020

Las esferas


Discutir por todo, ese parece ser su lema.

Como si cada cosa que encontraran en el mundo fuese una pequeña esfera que admitiera todas las miradas posibles.

No una cuerda de la que tirar por los extremos para romperla y caer cada uno en un lado de la batalla.
Esferas democráticas, manzanas de Ortega, planetas donde es al mismo tiempo de día y de noche, y ninguno de los dos miente.

Lo más curioso es que, por mucho que chillen, jamás se escucha un grito en todo el edificio.

Solo cuando a la noche hacen el amor, puede escucharse a él apartarle un rizo de la oreja y susurrarle: hacer el amor contigo vuelve las cosas simples.
Regreso a la caverna con un animal al hombro.
Me quito la gorra y bajo la cabeza cuando pasa el Rey.
Podría explicarle a un niño que si camina hasta el horizonte caerá por un precipicio.

La Tierra todavía es plana
si te quitas un zapato.

Iván Onia Valero

domingo, 22 de marzo de 2020

A través


Porque fuiste, esa vez, un pájaro
ahora encuentras plumas en el suelo,
por donde pasas una hermana antigua
te saluda con su lenta flecha.
Porque fuiste amniótica, al pez regresas,
porque del agua, a noviembre.
Porque eras la hembra sola,
ahora los lobos y yo te buscamos.
Porque perteneciste al bosque,
abres los fuertes muslos.
Porque ya estabas en el mar, tu alma
es una honda ecuación.
Porque te encontraron en el aceite,
por las aceras bailas,
y el corazón te huele porque del narciso y el dondiego,
recuerdas otras vidas.
Porque vienes de otros siglos,
a mi siglo vienes.
Día de mis días.
De mi sangre, sangre.

Iván Onia Valero

sábado, 21 de marzo de 2020


El olor familiar de la tierra mojada, en una ciudad extraña, junto a la persona que guarda en una cajita tu cabeza y tu único idioma. Eso se llama patria.
Si estás cerca, hablaré todas las lenguas de la Tierra.

Iván Onia Valero

viernes, 20 de marzo de 2020

Open happinness


La Coca-Cola se debe beber en soledad, como un cubo de cangrejos, para que nos pueble el ánimo. Se bebe como debe beberse el dolor; a morro, entero, sin sorbos, de una vez, para que abrace el circuito de la sangre con su negro caudal de cafeínas.
La cerveza es una bebida de compañía. Pedir una cerveza solo es invocar a los dioses de la metáfora, querer ser un poeta o un niño torero.
La cerveza es social porque las risas nos desvían del camino diabólico del poema de barra. La Coca-Cola, sin embargo, es una bebida de solos, de los que aguardan una mujer entera o un medio amigo por las puertas del bar y se quedan con los cangrejos adentro, envenenando la vida, sobrios, con el dedo de la luna dentro, enfriando el vaso vacío que parece un espejo.

Iván Onia Valero

martes, 17 de marzo de 2020

El gran atasco


Cuando un poema te recuerda a mí
- y son las doce, y es la una -.
Lo semáforos se abren como grifos
de la vieja Europa
y vierten su agua verde en mi alegría.

Yo conduzco, soy el hijo de un reloj,
el recién parido de la semana,
el almirante de la roja prisa.

Yo conduzco, leo, a veces insulto
al otro coche que se me ha cruzado
justo cuando un poema te recuerda
que acontezco, en alguna hora
donde los demás conductores son azules
y regresan, y no son yo, a su pesar,
porque soy el capitán de esta jornada,
el único al que te recuerda ese verso,
marinero del fuego en hora punta.
Entonces sonrío y añoro, atascado,
- a las dos y a las tres - que estás leyendo,
que también aconteces en el martes
- cuando son las tres,
cuando son las cuatro -
y todavía no he podido verte.
Porque los hombres somos del tiempo,
como el gorrión del naranjo,
como el niño pertenece a la siesta,
como los parques cerrados son de Dios.

Cuando alguien lee un poema y piensa en ti
- y son las cinco y las cinco -.
Cuando cae la nieve de junio en la autopista
y hay una cigüeña que te ha confundido
con su hogar.
Es el momento de relajarse.
El reloj es un esguince del reloj,
- y lo miras, y lo miras - y sabes
que ya no llegas a tiempo
ni a ella.

Iván Onia Valero



martes, 11 de febrero de 2020

Antología II


Deja tu comarca entre las fieras y los lirios. Y ven a mí esta noche oh, mi amado, monstruo de almíbar, novio de tulipán, asesino de hojas dulces. Así, aquella noche lo clamaba yo, de portal en portal, junto a la pared pálida como un hueso, todo llena de un miedo irisado y de un oscuro amor. Ya era la edad en que las abuelas habían retrocedido a moradas de subtierra y sólo sus almas perduraban encadenadas a las lámparas estremeciendo mariposas verdes y amarillas a la hora de los fuegos y los rezos. ¡Oh, mi amor!— lo clamaba yo, de puerta en puerta, de muro en muro- perdí mis trenzas, estoy desnuda, se cayó el sándalo de los medallones, la luna paró sobre las chimeneas su trineo de coral. Y no vienes, hombre, rosa, crimen, corazón. Voy a quebrar las almendras, a comer alabastro amargo. Voy a matar los panales. Me has hecho imaginar inútilmente tus médulas de sándalo, tu corazón de fuego. Ahora, reirán de mí las muertas que se acuerdan de tu amor.
Así mentía yo, abrazada a su melena de oro, a su terrible miel. Él hablaba una lengua casi inteligible; pero, un rocío voraz, una lepra de flores, le terminaba el rostro. Y dentro estaban el azúcar y las cruces y los espejos con olor a jacintos. Nos acercamos a la mesa. Las abuelas renacieron en las lámparas. Le dije que iba a guardarlo, que iba a besarlo, que iba a guardar su corazón entre las piñas y los licores y las medallas. Otra vez jardín y sombras y columnas rotas y los cisnes serios como hombres. Empecé a matarlo. Porque no digas mi amor a nadie—a entreabrirle los pétalos del pecho, a sacarle el corazón. Él se apoyó en mi brazo, le latía con locura el almíbar de los dedos. Empezó a morir. Cerca del bosque empezó a morir. Rompí a llorar. Voy a matar los panales; voy a quebrar las almendras, a comer alabastro amargo. Su muerte siguió a lo largo del bosque. Quise recogerla en mi saya, reunirla en mis brazos, abrazarla. Voy a tener hijos de almíbar y de pétalos y no podrán besarte.
Si encuentras a la que fue mi infancia
Le pones violetas en el pelo,
tréboles en los ojos,
una uva en la boca
y almendras en el corazón.
Ella comprenderá.

Edith Vera


Hay en la intimidad un límite sagrado

Hay en la intimidad un límite sagrado
Que trasponer no puede aun la pasión más loca
Siquiera si el amor el corazón desgarra
Y en medio del silencio se funden nuestras bocas.
La amistad nada puede, nada pueden los años
De vuelos elevados, de llameante dicha,
Cuando es el alma libre y no la vence
La dulce languidez del goce y la lascivia.
Pretenden alcanzarlo mentes enajenadas,
Y a quienes lo trasponen los colma la tristeza.
¿Comprendes tú ahora por qué mi corazón
No late a ritmo debajo de tu diestra?

Anna Ajmátova


Este compromiso es como la luna del sol;
nuestro éxito de la vida, la pasión del mundo.
Este amor tiene la flor de las palabras,
tu comida con todos los ojos de las flores.
Tu compromiso no ha perdido sus ojos,
un héroe levanta el azul esmeralda.


"Te amo irremediablemente, como se ama el mar.
Me impaciento e imagino el momento en que cerraremos tras nosotros la puerta de tu cuarto.
Dame detalles acerca de tu vida. Ayúdame a imaginarte. ¿Te ves morena y bella como para que uno se derrita? ¿Cómo llevas el cabello? Dime lo que haces, lo que piensas.
Estoy que ardo, por dentro, por fuera. Todo arde, cuerpo, alma, encima, debajo, corazón, carne.
Intento imaginarte, reconstruirte a distancia..."

Así le escribía Albert Camus a María Casares.



"No tengo novia porque no tengo ganas de tener novia; por pereza; por desgane; por aburrimiento. Estoy muy enamorado, pero eso no tiene que ver nada con esto. A lo mejor un día de éstos dejo de escribirte. O te escribiré solamente cuando tenga deseos, necesidad de hacerlo. No me gustan los trámites, las fórmulas en el amor; no me gustan los compromisos, los juramentos. Si tú quieres escribirme -porque quieres escribirme- cada tres días, encantado. Si yo quiero hacerlo del diario, tanto mejor. Pero siempre la cosa espontánea y natural. Quiero ser libre dentro de esta esclavitud. Te quiero, sí, te quiero: pero a medida de que te quiero se me van haciendo innecesarias las palabras; tengo que saber que no es indispensable el decírtelo.¿Comprendes? Si tú no fueras tú, no diría esto. Podrías salirme con que no te quiero, con que no te comprendo, con que no soy tuyo. Pero tú tienes que ser tú, diferente, exclusiva, única".

(Jaime Sabines, Cartas a Chepita)


"Tu belleza para mí está en que existes".
(Fernando Pessoa)


"Ayer te besé en los labios
Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago ,
que un milagro, más. El tiempo.
Después de dártelo
no lo quise para nada, ya;
para nada lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso.
Estoy solo con mis labios.
Los pongo no en tu boca, no, ya no
—¿a dónde se me han escapado?—
Los pongo en el beso que te di ayer,
en las bocas juntas del beso,
que se besaron.
Y dura este beso más que el silencio,
que la luz.
Porque ya no es una carne,
una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos"

Pedro Salinas, Cartas a Katherine Whitmore


"El aliento nocturno es tu sábana,
la tiniebla se acuesta a tu lado.
Los tobillos te roza, las sienes;
te despierta a la vida y al sueño,
te rastrea en el verbo,
en el deseo, en las ideas,
duerme con cada una de ellas
y te atrae con halagos.
Te peina la sal de las pestañas,
te la sirve a la mesa,
les escucha a tus horas la arena
y la pone a tu alcance.
Y aquello que era cuando rosa era,
sombra y agua, te lo escancia".

Paul Celan, Sueño y sustento


"Despierta como quieras, pero despierta en mí,
en el frío, en mis silenciosas profundidades.

No te imploraré palabras, pero dame
una señal de que aún estás vivo.

No por mucho tiempo... sólo un momento de tu tiempo.
Si no un verso, sólo un suspiro, sólo un grito.

Sólo un susurro o sólo una queja.
Sólo el sordo sonar de tus cadenas".

Olga Berghólz, Al canto

–No decía palabras–

No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en
dos,

ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Aunque sólo sea una esperanza
porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.

Luis Cernuda



ESTÁS CANSADA

Estás cansada
yo creo
del perpetuo enigma de vivir y sus afanes;
y yo también.

Ven conmigo, pues,
y partiremos muy lejos
sólo tú y yo, ¿comprendes?.

Tú has jugado
yo creo
y has roto tus juguetes más queridos,
y ahora estás algo cansada;
cansada de las cosas que se rompen,
cansada, eso es todo.
Yo también.

Pero vengo con un sueño en mis ojos esta noche,
y llamo con una rosa
a la desolada verja de tu corazón.
¡Ábreme!
Que yo te mostraré lugares que nadie conoce
y, si tú quieres,
las perfectas regiones del Sueño.

¡Ah, ven conmigo!
yo te encenderé esa maravillosa burbuja, la luna,
que perenne flota.
Te cantaré la canción jacinto
de las probables estrellas,
y buscaré en las apacibles estepas del Sueño,
hasta encotrar la Flor Única,
que sustentará yo creo tu tierno corazón
mientras la luna se eleva desde el mar.

E.E.Cummings


Entro en tu amor como en una iglesia
en la que flota un velo azul de incienso y silencio.

Georges Rodenbach


Escucha
Robo en las noches
las rosas de tu boca,
para que ninguna mujer se sacie.

La que te abraza
me roba con mi temblor
lo que en torno a tus miembros pinta.

Soy tu frontera.
Quien te roce
se despeñaría.

¿Sientes mi existencia
por doquier
como linde distante?

Elsa Lasker-Schüler



Porque, ¿ves?, todos los días te amo más,
Hoy más que ayer y mucho menos que mañana.

(Rosemonde Gérard)

“Yo no creo en el amor, porque solo creo en el amor”.
(Christian Bobin)

Sólo puedo escribir de amor.
Salgo a la noche
respiro su aire tenso, sé que vivo.
Con su canto monódico me seducen los grillos.
Y es la noche sin ti lo que yo escribo.
En el verso me abstraigo.
y allí el amor es sangre y meteoro,
es la espada que hiere, es sal y madrugada.
Breve es y bello y mentiroso,
y eterno y falso y dulce y verdadero.
Y yo sólo sé hablar de la tormenta
que estalla entre tus besos.
Ebria y multicolor
en anodinas calles la ciudad multiplica
mil rostros pianos y una sola mueca,
y abre sus tristes puertas a la noche.
Todo está allí para que la palabra
aprese un llanto, un árbol, la monstruosa
soledad de sus calles vocingleras.
Y yo tan sólo escribo
de la tarde sin ti y de mi tristeza."

Piedad Bonnett



Ponemos tanto azul en esa distancia
anclada en claridad incierta
y nos quedamos en las paredes del viento
a escurrir todo lo que él invade.

Pusimos tantas flores en las horas breves
que secan hojas en los árboles de los dedos.
Y quedamos ceñidos en las estatuas
a mordernos en la carne de un secreto.

Natalia Correia



A las bacterias de la levadura
Hay que dejarlas quietas
Y a oscuras para que se activen
También a las palabras
Una debe darles espacio
Para que traigan recuerdos
De texturas y sabores
Probados tiempo atrás

Westonia Murray



La palabra que sana

Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.

Alejandra Pizarnik



A quien corresponde

Me crees cuando te digo / eres hermoso
Estoy aquí y te miro desde donde nace la visión de mis ojos y la visión de los tuyos
y en la visión de tus ojos te veo y eres un animal
te veo y eres divino te veo y eres un animal divino
eres hermoso
lo divino no está separado de la bestia; es la criatura total que
se trasciende
el mesías que ha sido invocado ya está aquí
eres ese mesías esperando renacer en la conciencia
eres hermoso; todos somos hermosos
eres divino; todos somos divinos
la divinidad se reconoce en su propio reflejo
acepta el ser que eres ilumínate
con la claridad de tu luz

Lenore Kandel



El lazo de tus brazos deslumbrantes y frescos.

Una aventura de primavera ya en verano
verde en los prados blancos
cribada de esperanza y de rocío.

No olvidemos al ruiseñor
ni el ajedrez escondido en la arena
ni los huesos de los difuntos
ni las hojas muertas que entraron
en la eternidad de diciembre.

Una mirada amplia como el silencio
en este momento nacemos
dicha de los ojos el amor no tiene límites
antigua confianza conservada
brazos pródigos brazos repetidos
alimentados de sueños.

Como si no estuviéramos más que tú y yo en la tierra
y la sonrisa de nuestros gestos simples.
Podemos permitirnos
no olvidarnos de nada
promesas sin razón pues todo hemos jurado
desde siempre
nada tenemos que inventar.

Y a todas partes vamos.


Paul Eluard



"Enamorarse es producir una mitología privada y hacer del universo una alusión a la única persona indudable".

Jorge Luis Borges



"Tu recuerdo se enreda a mi alrededor como una manta
cobijándome del frío, brilla con mi cuerpo en el silencio mojado
de esta tarde en la que te escribo, en la que puedo hacer nada más que pensarte
y decir tu nombre en secreto, para dentro de mi boca
envolviéndolo en el recinto de mis dientes,
mordiéndolo hasta gastarle las letras, hasta gastar tanto
nombre tuyo que me ha ido acompañando, para volver a revivirlo
arrullándome yo misma con tu voz y tus ojos,
meciéndome en este tiempo sin horas en que te quiero
en que amo cada minuto que ha quedado impreso en mi memoria para siempre".

Gioconda Belli



[PERO, DIME, ¿CONOCES...]
Pero, dime, ¿conoces las noches de amor? ¿Flotaron en tu sangre
las tiernas palabras como sépalos?
Dime, en tu cuerpo amado, ¿no hay lugares que conservan recuerdo como ojos?

París, verano de 1909

Rainer María Rilke


Y TUS LÁGRIMAS

La cama está
en el medio del suelo
las sábanas abanicando fríos azulejos
sé que estás pensando en acá
día y noche
es por eso que yazgo quieta como la tumba
bajo el cielorraso blanco
que pronto ha de florecer
porque te estás muriendo por mí
día y noche
prometí mentir
en el medio de la isla
en el valle profundo
queridísimoamor
y tus lágrimas bajan planeando en paracaídas de tulipanes
sobre mi edredón
para que yo pueda dormir

SIGURBJÖRG THRASTARDÓTTIR




“Bajo tu tacto tiemblo como un arco en tensión palpitante de flechas y de agudos silbidos inminentes".

Rosario Castellanos



EL CÍRCULO

Tú eres el dolor
y la cura
del corazón sufriente.

Tú eres el amante, amor,
y Amado.

Tú eres el centro,
el círculo,
el compás que une.

Tú te mantienes lejos
de cualquier velo.

Hazin Lâhìjì



HORA DE REGALOS

Desde el agua de luna, desde la neblina en el espejo, surgió
un delgado cuerpo de porcelana.
Un jarrón pálido y pesado. Lleno de frambuesas de sangre.
¿Cómo puedes soportar esta tristeza, mi amante, mi amor?

No llegues tarde. Dame tu tobillo y tu frente, No mañana.
Hoy las paredes de mi cuarto están frescas,
tiernas y escondidas como el interior del pan.

Mirá, todavía brillan blancas y deliciosas de noche: mis
rodillas. Tomalas. Son tuyas. No las ves, temblando
y llenas como dos copas de leche.

María Banus




Y yo podría
ir a buscarte
con una corona de nubes
iría

recorreríamos juntos
ese trayecto

me cortaría mechones del cabello
para tejer un mundo poético
para tejernos un mundo poético
en la luz.

Nína Björk Árnadóttir



SONETO DE LA DULCE QUEJA

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

Federico García Lorca



"He vuelto mis ojos, convocados por ti. Esta tormenta que surge no retendrá mi espíritu, sino que lo exaltará. Todo mi cielo residió en tu pecho, y sólo allí encontraré la eternidad."

Charlotte Brontë



Amor es...

Amar la gracia delicada
del cisne azul y de la rosa rosa;
amar la luz del alba
y la de las estrellas que se abren
y la de las sonrisas que se alargan...
Amar la plenitud del árbol,
amar la música del agua
y la dulzura de la fruta
y la dulzura de las almas dulces....
Amar lo amable, no es amor:

Amor es ponerse de almohada
para el cansancio de cada día;
es ponerse de sol vivo
en el ansia de la semilla ciega
que perdió el rumbo de la luz,
aprisionada por su tierra,
vencida por su misma tierra...

Amor es desenredar marañas
de caminos en la tiniebla:
¡Amor es ser camino y ser escala!
Amor es este amar lo que nos duele,
lo que nos sangra bien adentro...

Es entrarse en la entraña de la noche
y adivinarle la estrella en germen...
¡La esperanza de la estrella!...

Amor es amar desde la raíz negra.
Amor es perdonar;
y lo que es más que perdonar,
es comprender...
Amor es apretarse a la cruz,
y clavarse a la cruz,
y morir y resucitar ...

¡Amor es resucitar!

Dulce Maria Loynaz



Qué será ser tú
Qué será ser tú.
Éste es el enigma, la atracción sobrecogedora
de conocer, el irresistible afán de echar el ancla
en ti, de poseerte.
Qué será la perplejidad de ser tú.
Qué, el misterio, la dolencia de ser tú y saber.
Qué, el estupor de ser tú, verdaderamente tú y,
con tus ojos, verme.
Qué será percibir que yo te ame.
Qué será, siendo tú, oírmelo decir.
Qué, entonces, sentir lo que sentirías tú.

Ana Rossetti



AMOR MÍO

Amor mío, mira mi boca de vitriolo
y mi garganta de cicuta jónica,
mira la perdiz de ala rota que carece de casa y muere
por los desiertos de tomillo de Rimbaud,
mira los árboles como nervios crispados del día
llorando agua de guadaña.

Esto es lo que yo veo en la hora lisa de abril,
también en la capilla del espejo esto veo,
y no puedo pensar en las palomas que habitan la palabra
Alejandría
ni escribir cartas para Rilke el poeta.

Blanca Andreu





"Y mi Amado dice: Mirame y escuchame, porque estoy aquí solo para ello...

Yo Soy tu luna y tu luz de luna también,
Yo soy tu jardin de flores y tu agua también,

He venido todo este camino ansioso por ti, sin zapatos o chal.

Quiero que rias, eliminar todas
tus preocupaciones, amarte, nutrirte.

Oh, dulce amargura... Te aliviaré, y sanaré.

Te traeré rosas...

Yo también he sido cubierto con espinas..."

Rumi



Ahora

Ahora como un ángel apareces
y me rodeas sin decirme nada.
Ángel que yo cuidara tantas veces
sin saberlo, callada.

En todo lo que miro permaneces
como el aire feliz de la mirada.
Me parezco a tu ausencia y te pareces
a mí resucitada.

Porque viniste cuando me moría
a devolverme a vivas caridades;
porque mi noche muda se hizo día

por gracia de tu voz iluminada,
en esta eternidad con que me invades
yo que no era, soy tu enamorada.

María Elena Walsh



“Uno no es la mitad de dos; dos son las mitades de uno”.

E.E. Cummings





EL FÉNIX

Soy el último en tu camino

última primavera última nieve

última lucha para no morir



Y estamos aquí abajo más arriba que nunca.



Hay de todo en nuestra hoguera

piñas sarmientos

pero flores también más potentes que el agua

Barro y rocío.

La llama a nuestros pies la llama nos corona



A nuestros pies insectos aves hombres

van a volar

Los que vuelan se posarán.



El cielo está claro la tierra sombría

pero el humo se va al cielo

el cielo ha perdido todos sus fuegos

la llama ha quedado en la tierra.



La llama es la nube del corazón

y todas las ramas de la sangre

canta nuestra canción

disipa el vapor de nuestro invierno.



Nocturna y con horror llameó la pena

florecen las cenizas en alegría y belleza

siempre damos la espalda al sol poniente



Todo tiene el color de la aurora.


Paul Éluard


📷Detalles de La cigale,
de Jules Joseph Lefebvre, 1872


jueves, 23 de enero de 2020

La asamblea


Yo escribo para que me quieran a pesar de mí,
para que mi apellido campanee
y en el cuerpo de mis muertos
se pueda descifrar un alfabeto.

Sobre el pelo de la abuela que nunca
aprendió a leer,
revoloteaban, cuando murió,
las vocales que solo pronunciaba.
Una vez me dijo que había soñado que leía.
Que había soñado que leía, me dijo.
Y con mi mano y la suya hice un diptongo.

El cuerpo del abuelo tomó forma
de eme antes de marcharse.
No dijo nada, pero con sus piernas
y sus brazos lo vi irse transformando
en la letra que había escrito en mi frente.
Un hombre escribe toda su vida
sin saber que está dibujando su rostro,
que la caligrafía es una jaula,
que el pájaro vendrá más tarde,
que no hay pájaro, que somos el pájaro.

El otro abuelo partía la tierra,
buscaba fonemas para mí.
Echaba agua en los surcos, me traía
una patata, un encabalgamiento,
una patata.
Buscaba el tesoro de la familia:
un juguete, una sílaba, una patata.
El abuelo doblado como una ele,
partiendo el suelo con la verde calva,
dando órdenes al agua, abriendo los grifos,
para poner en mis ojos el mar rojo,
una patata, el mar rojo.
Cuando acabó de arar, había escrito
en el suelo toda mi infancia.

La otra abuela, la muerta, la muertísima,
a la que jamás pude conocer
y me mira desde el marco dorado,
– de su fotografía –
de plata, de latón, de cartón pintado.
Me mira desde su muerte carísima,
desde la orfandad coja de mi madre.
Mi madre sin su madre a los dieciocho
es el Titanic que se hunde con la
vajilla nueva, con los peces oliendo
las camas, la pintura irlandesa,
el hielo que nos deja blancamente
huérfanos.

Oh glup
Oh glup, glup,

abuelita, primera muerta mía,
dime tú por qué escribo,
por qué las cosas son las nietas de un nombre,
por qué huelo las flores con una cabeza de potro,
y desciendo hasta tu acento de la sierra,
y me enamoro del hombre atado a un burro.

Con vosotros me siento en asamblea
para que me habléis de la gramática
del algodón,
de cómo pincha la tilde al decirlo,
de la bicicleta sumeria
que nunca heredaré.
Fabricáis con mis dos manos un cuenco
donde se derrama el castellano antiguo,
las aguas luces árabes, alquimia adjetiva
de la lengua en los paladares,
y hundís mi cabeza en el Nilo,
y traéis las tablas de Tartaria,
el caparazón de las chinas tortugas.

En asamblea de grillos, sentados,
me amáis con todos los idiomas
hasta quedarnos sin habla y ningunos.
Y cerráis en mi puño una rama
con la que dibujo en la arena un círculo,
una raya, un círculo.
Así me querrán – me decís que he escrito –.
Y casi todo lo comprendo.

Iván Onia Valero

jueves, 16 de enero de 2020


Con la poesía no se come,
pero se escribe para vivir.

Solo da para sombras de lenteja.
frutas vacías y cáscaras de oro.
El albañil, el médico, el arquitecto
saben qué vinieron a hacer aquí,
cuál es su cometido, qué contrafuerte
evita la tragedia, cuánta arena
es necesaria, qué venas unir.

El poeta ha dedicado su vida
a construir un palacio que se viene
abajo cuando quiere entrar en él.
Sabe al final de sus días que todo
lo que ha tocado es patrimonio del polvo,
que nada, salvo la memoria, salva nada.

Una vez conociste a un panadero
que no conocía la palabra hornada.
El poeta vive en el mundo parapléjico
de las palabras, el panadero
en el mundo completo de los panes.
Llevaba cuarenta años fabricando
una palabra que no conocía,
era un hombre sin lenguaje que hacía pan
y tú un príncipe asesinado por una manzana.

Iván Onia Valero

sábado, 11 de enero de 2020


Esta violeta no dice la corriente,
El amor de una era es el reloj del mar


Tu crisantemo mirando,
la canción de amor


Esta rosa de bello y quieto y extraño resplandor.
Nubes de noche rojas, sus encantos, y el otoño


Mis manos de orquídeas se ven y brillan,
Nuestra agua se derrite en el sur y en la noche


Mi tulipán y las estaciones de los durmientes.
Cree en el mundo verdadero, orgulloso y fuerte


Este pensamiento que estaba con el sol de la luna,
sombras intrépidas y sonoras


Tu iris así como la constelación,
nuestra luz en la oscuridad con el mar oscuro y lúgubre


Que el cyclamen y las doncellas siguen en pie, que con levedad nunca busquen la tierra


Se escuchan mis manos amapolas;
la efímera marea, las salvajes velas blancas


La dalia y la lluvia descendente y los vientos;
esta llama que rompe las nubes


Esta lila brilla y mira la tierra a la sombra,
esta perfección de todas sus primeras esperanzas


Nuestro clavel y la luz del sol;
esta casa del día y la noche, el atardecer frío


Jazmín e invierno están ardiendo en la hierba;
un ala morada


Un ranúnculo es un monumento amoroso del pasado,
un hada triste había llegado a las estrellas del tiempo


Una camelia era una canción,
al pie del aire y el hueco salvaje


Esa azalea sostiene la tierra la luz,
un dragón espera un mar cálido en las ramas


Higo y espuma;
nuestra higuera ha llegado a los pájaros,
sus olas verdes han hecho un hechizo errante


Los sueños del narciso y el trueno;
este enigma debía ser visto


Esther Cinta Reyes

martes, 7 de enero de 2020

Where is my man


Nunca te tengo tanto como cuando te busco
sabiendo de antemano que no puedo encontrarte.
Sólo entonces consiento estar enamorada.
Sólo entonces me pierdo en la esmaltada jungla
de coches o tiovivos, cafés abarrotados,
lunas de escaparates, laberintos de parques
o de espejos, pues corro tras de todo
lo que se te parece.
De continuo te acecho.
El alquitrán derrite su azabache,
es la calle movible taracea
de camisas y niquis, sus colores comparo
con el azul celeste o el verde malaquita
que por tu pecho yo desabrochaba.
Deliciosa congoja si creo reconocerte
me hace desfallecer: toda mi piel nombrándote,
toda mi piel alerta, pendiente de mis ojos.
Indaga mi pupila, todo atisbo comprueba,
todo indicio que me conduzca a ti,
que te introduzca al ámbito donde sólo tu imagen
prevalece y te coincida y funda,
te acerque, te inaugure y para siempre estés.

Ana Rossetti

domingo, 29 de diciembre de 2019

Hotel Insomnia


Me gustaba mi cuartucho,
su ventana frente al muro de ladrillo.
En la habitación contigua había un piano.
Algunas noches al mes
un viejo minusválido venía a tocar
"My Blue Heaven".

Aunque la mayor parte del tiempo estaba tranquilo.
Cada cuarto tenía una araña bien abrigada
cazando moscas en su telaraña
de ensueño y humo de cigarrillos.
Era tan oscuro,
que no podía verme la cara en el espejo al afeitarme.

A las 5 de la madrugada se escuchaban unos pies descalzos arriba.
Era la "gitana" adivinadora
que tenía una tienda en la esquina,
y que iba a orinar después de una noche de amor.
También, una vez, escuché el sollozo de un niño.
Tan cerca, que llegué a pensar,
por un momento, que era yo quien sollozaba.

Charles Simic
Cuadro: "Taza de váter y ventana", de Antonio López

viernes, 27 de diciembre de 2019

La victoria


Los muertos llevan alas de musgo.
F.G. LORCA
Corrí, y en el torrente hundí los brazos
para saber si el agua se había detenido.
Chantal MAILLARD

Para detener el tiempo tocabas
mi frente con relojes encontrados.
En todos se podía ver la marca
súbita del espasmo;
nueve y cuarto, un insecto abre los brazos
al sol frío del último segundo.
Otro muere perfecto en las doce.
Media cruz a las tres menos cuarto.
Me cubrías los ojos con la arena
de mil bulbos quebrados.
Hundías mi cabeza en el agua
de las clepsidras.
No hubo tiempo en aquel tiempo,
se caía la misma fruta helada
al pronunciar volver o porvenir,
temprano, antes, mañana o ya es la hora.
Nada era final y nada nacía.

Vivir sin tiempo es soñar la carne deshabitada,
es renunciar a los violines y las uvas
y de allí se regresa siempre
con los pies fríos,
con un pan triste,
con un beso de sapo,
con una corona de peces calientes.

Tú querías pararlo todo,
andabas las espaldas laborables,
las riberas donde el junco atrapa
la espuma de las horas y del mármol,
ibas con la inocencia de aquel niño
que quería meter el mar en su bolsillo
y besabas mi frente para decir:
este es el nido de las esferas,
esta es la lluvia intacta de los mirtos.

Nunca entendiste que incluso las piedras
volverán sin la furia de su filo,
que el desierto es un mar que alguien está cantando.
En las alas de musgo,
en la manzana de bronce,
en las manos y en las paredes
el duro olvido me encontraba,
y olvidé el plomo de algunas jornadas
y fui inmortal borrando luz y abrazo,
llaga y nombre.

Hoy,
miro el arco de mis huesos vencido por los años,
sonrío en los espejos y me muero un poco cada tarde.
Hoy hundo mi brazo en la velocidad
de las aguas y viajo a su centro
como el que arranca un corazón
y lo eleva contando sus latidos
para decir aquí está la vida
y sé que la muerte es una forma de la victoria
como volver a dar cuerda a los relojes,
como arder,
como recordarlo todo.

Iván Onia Valero de Galería de Mundo y Olvido (Ediciones en Huida, 2013)
Pincha aquí para leer un avance de este libro

domingo, 22 de diciembre de 2019

Lo que los gitanos le dijeron a mi abuela cuando aún era una niña


Vas a ser la nieta preferida de la guerra, la enfermedad y el hambre.
Vas a ser una persona ciega mirando una película muda.
Vas a poner cebollas picadas y pedazos de tu corazón
en la misma sartén caliente.
Tus hijos van a dormir en una valija atada con sogas.
Tu marido va a besar tus pechos cada noche
como si fueran dos lápidas.

Ya los cuervos se están preparando
para vos y tu gente.
Tu hijo mayor va a estar acostado con moscas en los labios
sin sonreír o levantar la mano.
Vas a envidiar cada hormiga que encuentres en la vida
y cada hierba junto a las rutas.
Tu cuerpo y tu alma se van a sentar en diferentes peldaños
masticando el mismo chicle.

Pequeña, tesorito, ¿estás a la venta?, va a decir el demonio.
El dueño de la funeraria va a comprar un juguete para tu nieto.
Tu mente va a ser un nido de avispas incluso
en tu lecho de muerte.
Le vas a rezar a Dios pero Dios va a poner el cartel
de No molestar.
No preguntes más, es todo lo que sé.


Charles Simic
fotografía de Gottfried Helnwein

viernes, 20 de diciembre de 2019

La fiesta de las arañas


¿Ah sí, te has despertado?
una mañana prodigiosa abre de par en par las ventanas
el último árbol de la noche ha dejado una huella
sobre la piel de tu frente.

Sí, te has despertado
agitando tu manto de telarañas de sueño
ahuyentaste el tropel de ratas ciegas
que te roían dormida.

Ya estás despierta, ¿adonde vas ahora?
abandonas tu riqueza nocturna por el gran vacío del día
y con la pálida debilidad construyes tu marcha sin objeto.

Ya estás despierta, subamos
por la angosta escalera hasta el confín del tiempo
para sorprender allí a los minutos perdidos
fugados de la vida.

No
un brusco desaliento te detiene
frente al espacio sin cielo donde nieblas aterradas
con inexplicable dulzura
transforman en viento a los que avanzan.

Algas marinas de la esperanza
horas inútiles se ocultan tras la puerta dorada
las palabras se encadenan a un profundo secreto
el diamante del desaliento brilla hacia adentro
los que se atreven a sonreír pierden su lugar en el mundo.

¿Adonde vas sin mí? buscas tu fiesta única
tu borrachera de signos y cataratas
tu jaula de libertad
donde amigos desconocidos beben tus gestos líquidos
y el veneno te mira con ojos fosforescentes.
Prepárate para tu fiesta
la fiesta de las manos que se resquebrajan
la fiesta del sudor de los crujidos
allí donde el letargo de tu carne
se precipita en una oscura danza.

Tu fiesta es la fiesta de las arañas
que devoran ferozmente tu riqueza nocturna
para alimentar su miseria inagotable
allí sumergida en un olvido sin límites
comprarás motivos para tu risa
comprarás estruendo para llenar tu silencio.

Aldo Pellegrini