sábado, 26 de mayo de 2018


Vastas son las variantes del olvido:
el óxido, la sangre coagulada,
los cementerios de automóviles, el musgo
suturando las llagas de las piedras,
el resplandor de las farolas
en los charcos, las botellas vacías.

Pero ninguna tan veraz como esta página
escrita por error en la amenazadora
coyunda del vacío de la noche,
justo cuando desploma la impotencia
su pesadumbre sobre la escritura.

Allí el olvido sella su pacto con los libros.

J.M Caballero Bonald

viernes, 25 de mayo de 2018

Esperanza


Esperanza,
araña negra del atardecer.
Tú paras
no lejos de mi cuerpo
abandonado, andas
en torno a mí,
tejiendo, rápida,
inconsistentes hilos invisibles,
te acercas, obstinada,
y me acaricias casi con tu sombra
pesada
y leve a un tiempo.

Agazapada
bajo las piedras y las horas,
esperaste, paciente, la llegada
de esta tarde
en la que nada
es ya posible...
Mi corazón:
tu nido.
Muerde en él, esperanza.

Ángel González

jueves, 24 de mayo de 2018

Como cuando uno piensa demasiado en su propia muerte


Amo profundamente a esta gata, la amo sin metáforas, como un hombre simple, sólo con el abrigo de piedad heredado de mi especie y la conciencia remordida si recuerdo más de la cuenta ese segundo de abandono que me cruzó la cabeza, cuando la encontré canicular y medio comida por las pulgas de la basura.
Amo a mi vástaga parida desde el útero de la mierda por encima de las convenciones y de los neoliberales. Algunas siestas, antes de dormirnos, juego a imaginar quién querría que muriese si me dieran a elegir. Al principio con cuestiones sencillas; Belén Esteban o mi gata, Carlos Herrera o mi gata, Pablo Alborán o mi gata, y después me lo pongo un poco más difícil; Natalie Portman o mi gata, Messi o mi gata, un niño sirio al que jamás conoceré o mi gata… hasta que me duermo sonriendo, mientras Amalia Rodrigues nos mece cantando Lisboa no seas francesa y me descubro siendo un tirano al que nadie entendería llegado el momento. Pero a los pocos segundos doy un respingo en el sofá, como cuando uno piensa demasiado en su propia muerte, y bebo agua, casi un litro, me da mucha sed saber, con esa ferocidad de lo luminoso, que a nadie a cinco metros de esta habitación le importan nada este amor ni estas ideas.

Iván Onia Valero

miércoles, 23 de mayo de 2018

André Chenier


Y fue durante ese dolor cuando me llegó el amor.
Una voz llena de armonía decía: “¡sigue viviendo! ¡Yo soy la vida!
¡el cielo está en tus ojos!"
Es todo lo que te rodea; es la sangre, el barro.
Yo soy divina, yo soy el olvido.
(¡Tú no estás sola! ¡Yo recojo tus lágrimas!
¡Yo me encuentro en tu camino y te socorro!
¡Sonríe y espera! ¡Yo soy el amor!
¿Alrededor todo es sangre y barro?
¡Yo soy divina! ¡Soy el olvido!)
Yo soy el dios que desciende del Cielo a la Tierra
para hacer de la Tierra un Cielo!
Ah! ¡Yo soy el amor, yo soy el amor!

Umberto Giordano y Luigi Illica

martes, 22 de mayo de 2018


Una casa sin fantasmas es una casa terrible. Deberían existir, incluso en las casas nuevas y sin historia. Una casa vacía da miedo porque hablarse a uno mismo en el martillo viscoso de las dos de la madrugada, sin fantasmas escuchando, es hablarle al fantasma que uno será dentro de algún tiempo.
Es mucho mejor conversar con las puertas medio abiertas, con el cuadro doblado, con los ojos de la cortina, con los armarios donde nos saluda la señora que lleva nuestra camisa. Hablarle al grifo abierto o al hombre que nos mira toda la noche desde la silla donde dejamos la ropa cansada de la semana y que tiene un poco de nuestra propia carne, ese hombre que no es más que nosotros mismos cantándonos el madrigal de los objetos.
Es mejor una casa con fantasmas, todo sea por no escucharte otra vez la historia de siempre.
Abrir la puerta que nunca abrimos, preguntar a las habitaciones vacías si realmente están vacías y que un libro se caiga por el poema donde una vez pusiste el lápiz o la radio se encienda con la canción que habías olvidado que amabas.

Iván Onia Valero de Hermanos de Nadie, Karima Editora (2015)

domingo, 20 de mayo de 2018

Four o´clock drag



Con el vino en guerra,
la vida cerrada aún a los aviones,
a las brillantes maletas
como escarabajos en la selva.
Sin estas distancias que ahora desamarran
desde las ciudades manchadas
de otras furias y otros relámpagos,
cuando el abandono era sólo
ir a por otra botella,
acercarnos a las habitaciones
y tocar las camas para que
el orden o los cuerpos
se destruyeran en la cercanía.

Era marzo de 1981
pero tus hombros ya eran el verano mordiendo.
Una tensión extraña y caliente
como de animal perdido en la carretera.
Era el tiempo
que nos mecía desde patrias impensables.

Era 1981
y abríamos la vida para
llamar al vino por su nombre,
a las camas por su desorden.
Toda la casa era
una trompeta enorme y azul
y un rechinar de bocas que decían
y decían.
Quién iba a imaginar este golpe sonando ahora,
estas botellas vacías,
estas habitaciones ordenadas.

Iván Onia Valero, de Hermanos de Nadie (Karima Editora, 2015)

sábado, 19 de mayo de 2018

¡Para toda la vida no!


He caído tantas veces que el aire es mi maestro;
tengo en la mano el aire que nunca nos olvida,
si nuestro amor fue siempre como una despedida,
cuando todo termine quedará lo más nuestro.

Ya he empezado a morir para aprender a verte
con los ojos cerrados. Así será mejor,
para toda la vida no basta un solo amor,
tal vez el nuestro sea para toda la muerte.

Luis Rosales