
Tu cuerpecito de aceite me llena la boca
mi boca sobre bajo tras la tuya
de enredos camaleónicos.
Me rompes la cáscara cada vez que vengo a verte
me salen fantasmas jóvenes de los ojos
y tú los atiendes como si fueran invitados tuyos.
Te han enviado con una bofetada
a sacarme del ayer con la mano abierta
a arrancarme a tiras el silencio mío
y plantarme el silencio de los dos.
Cristina Castro Moral
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