
No hay azafrán ni clavo,
no hay canela ni vino para el láudano.
El dolor verdadero,
igual que la alegría verdadera,
forma parte de un patrimonio íntimo
que no nos es posible compartir.
No he paseado nunca con mi herida
por ninguno de los jardines que conozco.
La herida es el eclipse que revoca la luz,
la herida es la distancia
que nos convierte en extranjeros.
En el dolor no hay pájaros,
solo dioses hablando con los dioses.
Basilio Sánchez
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