sábado, 15 de diciembre de 2012

Taberna Ánima

El pasado sábado nos reunimos unos cuantos amigos al calor de las palabras, el vino caliente y el piano en la Taberna Ánima. Una semana después me llega este poema del amigo y gran poeta Daniel García Florindo, intentando atrapar algo de lo que allí vivimos.



















Con David Postigo, al piano, y demás amigos…


Estábamos allí
todos en aquel antro. Bebíamos
vino, vino caliente como sangre de Cristo,
en feliz comunión con nuestras almas.

David resucitaba el malogrado piano,
le daba con sus manos vida propia,
sorteaba unas notas, una escala
que en nuestras existencias desafina.

Ah, sí, el viaje interior, el tiempo, su música
se adentraba en el bosque que cada uno hemos sido,
en el río que cruza su Indochina,
en el aire alentado de aquel antro
que inundó nuestras almas. ¿Es que acaso
no hemos soñado aquello, amigos míos?

Quizá sea tan solo
el instante de un sueño que olvidamos,
la imagen que quisimos retener
y que apenas pudimos atisbar
su desvanecimiento. Sin embargo,
a todos os recuerdo ahora en su rincón
–Fran, Antonio, Rocío, Lola, Carmen, Iván–
leyendo aquel poema que nos duele y nos salva.


Daniel García Florindo
(inédito)

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