miércoles, 1 de junio de 2016

El Decapitado de Ashton, por Amador Luna


Hubo una vez un libro que me trae, de continuo, el recuerdo de la litografía “Relativity” de E.C. Escher.
En el caramelo, reconvertido en libro EL DECAPITADO DE ASTHON, Iván Onia Valero, tejedor infatigable, imagina espacios como telares infinitos. Espacios por los que deambula un personaje inextinguible, que sube y baja por hilos tendidos sin cesar y sin César, pero con una constante identitaria reconocible: los YO de Iván. O los YOSES de Onia. O los YOES de Iván Onia Valero...
El juego se escapa por el ojal de la camisa puesta, a pesar de que esta está sin abrochar. Esa es la propuesta, el recreo en huir de lo evidente. De cómo hablar de los tantos YOS que acumula cada quién tras cada mancha sobre esa prenda que te vendieron impoluta y que se llama existencia:
“Sobre el ataúd de un poeta siempre caben más ojos que arena (…) junto a usted crecen por igual gusanos y mayúsculas (…)”
Incidamos en las buenas costumbres. La de vivir lo es (vivir de verdad, con derrapajes y accidentes en el mismo porcentaje que atardeceres con sunset y buena compañía –más de estos últimos, a ser posible que alguien misericorde escuche-). La de cuestionarse a uno mismo también, sin duda, y aquí el sevillano es un prestidigitador en unir puntadas, en zurcir paréntesis como estanques dónde reírse de esa imagen que nos devuelve el reflejo:
“Nunca hablan de que la poesía
es la maldición de no saber hacer otra cosa,
de que cada poema es un epitafio para seguir vivos,
el puñetazo al aire de un borracho
buscando el mentón del tiempo.”
Y, sin embargo, bajo esa representación (que pudiera parecer trivial) de la carne en el verso de Iván, se embosca una suerte de letras que esconden una daga en cada apéndice. Notará el lector el calor de la sangre manando a través la metáfora una vez se haya confiado en exceso, pues es en la relajación cuando se escucha mejor el rumor del pulso:
“Ya huele a día por las cremalleras,
las suturas no pueden contener
esta viceversa de globo y de párpado.
La gran revolución seguirá siendo
que amanece a pesar de nuestro empeño
en la intimidad de la ceniza.”
Igual que al percibir el chasquido de las hojas volteas la cabeza para ver quien se acerca, al leer EL DECAPITADO DE ASTHON (Editorial –bella editorial- La Isla de Siltolá) hay que aguzar los sentidos para sentir a tantos que llevamos con nosotros, llamensé YOS, YOES, YOSES o Iván Onia Valero, un tipo que pudiera, sin problema alguno, llevar sombrero sin cabeza que lo sustente, porque, así es la vida, una maldita sucesión de lienzos de Magritte… ¡Le pese a quien le pese!
(…)
“Es hora de dormir, muchacho”
y me levantas de la silla como en aquel poema de
Biedma
para ir hasta el infierno juntos
y dar los corazones rotos al cocodrilo que aguarda. (…)
Por cierto Iván, -un glacial nos arrastra-, sí, y se llama glacial Cruzcampo ¿Este sábado por El Vizcaíno? ¿Conjuramos?

Amador Luna

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