viernes, 12 de mayo de 2017

La boheme. Versión libre y ampliada


Yo pasaba hambre,
te hablo de un tiempo -ya lo sabes-
inimaginable ahora que bebemos buen vino y vestimos tan bien.
Un poeta no puede comer todos los días, eso lo aprendimos entonces.
Yo tenía tres gatas en la barriga que de noche se posaban en los tejados
y se limpiaban los jugos y los malos poemas que me arañaban durante el día.
Después olían la sopa flotando en la ciudad iluminada y maullaban
-pobres hembras-
mi hambre hasta el amanecer.

Tú posabas desnuda
en aquel cuartito frío, lleno de nada y de cuadros horribles que apenas daban
para el mendrugo de un sueño
y vaciabas una botella tras otra porque querías pintar el acordeón que nunca tuviste desde muy pequeña.

Cuando algún bistró,
a cambio de un plato caliente,
nos compraba un cuadro,
recitábamos versos
agrupados alrededor de la estufa
olvidando el invierno
y entonábamos muy bajito
´la boheme, la boheme´
con el estómago bailando una polka en su sótano,
tan alegre.

En Montmartre,
en Pont des arts,
en rue Dauphine...
jugando a ser Horacio y Lucía,
enhebrados por las plazas,
encontrádose la otra al uno,
la uno a la otro
y así,
una vez y una
y a la de tres, los dos.

Eso quería decir uno es feliz.
Eso quería decir eres tan bonita.
Eso quería decir esto es París y uno tiene veinte años,
y también,
esto es veinte años y uno es París.

Iván Onia Valero

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