sábado, 4 de febrero de 2017

Vente a la orilla, María del Mar


María del Mar tiende la ropa;
es el día de su tercera comunión
y ya no tiene miedo.
Ha decidido formar parte de la esencia de las cosas que todos digerimos y lubricamos
sin saber por qué están ahí.

En su Primera Comunión
el cura le vomitó girasoles en el pelo
que se cerraron antes de llegar a la parroquia;
cuando las monjas descubrieron las pipas caídas en sus zapatos
dijeron que tenía alma de hombre
y que sí se arrodillaba podía librarse del pecado de no serlo.
No le funcionaron las piernas por mucho que les gritó en el silencio sacro
entre futuras enfermeras
y marineros.

Su padre le rompió las caderas para que no deshojara las oportunidades
y con los trozos de huesos esparcidos llenó los cebos de sus cañas.


La segunda
fue debajo de los bancos donde dos horas antes
las mujeres con mantilla se santiguaban el hedor de sus cadáveres.
Las piernas le funcionaron esa vez
se arrodillo
pero solo para que no le apretaran los ojos las punzantes costillas de más
El cura las descubrió estrechando las bahías.

Su madre le echó salitre y sal en la piel desgarrada.

María afila el plato
come frente a dos sillas vacías
se hunde en la única, la del puchero
Por ultima vez se pone la cruz en el pecho justo después de
salir de la ducha aún mojada
para cruzar la misma puerta.

Le ha dicho que coja por la orillita
a ver si se encuentran en Sanlúcar.

Aurora Revólver, del poemario De Contrabando (edit. Versátiles, 2016)

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