domingo, 25 de diciembre de 2016

Solo de poesía, de Edward Bloom


Qué cosas.
A las tres estoy dudando si salir a buscar a los ladrones
que anoche saquearon la casa familiar o quedarme
aquí, de inventario y mugre, intentando este tibio
algoritmo de decir lo mínimo con lo máximo. Vade
retro, condensación. Vade retro, haiku, poemita, buenas
formas. Mierda también esta noche a la pausa y la tinta,
a los signos de puntuación al ligero equipaje seamos
excesivos irreales utópicos digitales jardineros de las
puntas del tiempo donde suceden los vértices en los que
damos al traste con una estrella que nos pincha el pie o
con el charco del beso aquel –de albero rotundo de luces
efímeras– para gritar adolescencia y que el tiempo note un
temblorcito de mosca posada en el hombro hasta pararse
–piadoso y bisiesto– como queriendo pedir perdón
por su quintal y su caravana de calcio sobre nosotros

                         *

qué música tan inmensa lo destartalado
qué sonajero de yunque estribo y martillo
para dormir a las bestias del desorden
para llamar a la consolación
para explicar la insolencia de preguntar qué es la
Poesía
y qué tijera tan pesada el silencio
cuando se mariposa en cruz sobre la boca si a la Pregunta
quéslapoesía sonríes mientras un huracán de sangre y
lenguaje te reverbera desde el estómago y piensas en el
galimatías celestial de las entrañas en el arquitecto que
imaginó un trozo de pan convirtiéndose en combustión
y magia de la mano que escribe la palabra mano en los
peces –después vertió siete océanos allí donde no llegaba
la tierra– nadando a través del esófago iluminando la
escalera del ánimo hasta hacernos andar demasiado
humanos por las praderas intestinales y regresar luego
ventriculares barrocos disciplinados cíclicos nuevos

¿qué es la poesía entonces?
pienso seriamente señor mi amigo oh compañero que
a usted le importa muy poco la lo que yo vaya a decirle
porque lo que realmente desea es regresar pronto a casa
lanzando al aire la moneda reluciente de una certeza que
mañana intentará cambiar por el gesto de afirmación
de las muchachas o por una copa si hay suerte
podría decirle que es un vómito la poesía como
dicen los no poetas los que hoy cogen la pluma y
mañana el aguarrás y pasado te cuentan que están
escribiendo una novela y al otro un disco de rumbas
apátridas o la obra de teatro que te cambiará la vida
¿la poesía? el poeta es un tullido que levanta
los pueblos sumergidos que la nada cubre

que baila los mágicos perros que el día deshace
llora mucho porque le duelen los gramos de ser así
mira la cal y promete la nieve

dios acabó su obra firmándonos sobre la tripa píloros
y puertas heno y serpientes metros y metros
la poesía
señor
no es un vómito
la poesía
monsieur
es el sistema digestivo para que la vida pase y no duela
para que pase y no
para que la Vida

                         *

esto ha sido todo –la cuenta por favor– ya ves el legado
hijo mío
esta espada de aguardiente abriendo la puerta de la
rutina
estos dos poemas salvados de las llamas
este traqueteo del corazón rompiéndose bajo la tierna
protesta de los astros
qué poco después de tanto ¿verdad?
mira cómo regresan a calentarme las manos los signos de
puntuación cuando, a lo lejos, vuelve a oírse el cabotaje
de lo recién parido.

El hatillo pesa poco, quemé toda mi poética para
volverme puro y mira lo que he conseguido:
una vanidad,
una elegía,
un cocodrilo contando las horas verdes del domingo.

Qué refrán mi vida, donde aprendieras el arte
propedéutico de ser sin sufrir apenas.
Todos estos años, dedicado a levantar la gloria sobre
mi sombrero –como el ave intenta el pan– para acabar
sucumbiendo a la ira, raíz del mal de nuestro tiempo:
a la envidia,
a la altanería.
Para morir solo, mientras el mundo se aleja con una
música que ya no reconozco.

Y qué imperio de hormigas la vejez.
Y qué cuenco las manos al final del camino.
Y qué geometría del hielo cuando mira.

Qué cosas.

Iván Onia Valero de El Decapitado de Ashton, Ediciones de la Isla de Siltolá, 2016

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