lunes, 26 de septiembre de 2016

Hábitat


Ensuciar el orden de lo que nos ha sido dado. El músculo promisorio en las cosas blancas. Levantar el lenguaje donde sólo existe el himen del silencio.
Al principio la mesa limpia, sola como un piano o una lápida y sobre ella, después, el torrente de la jornada; aquí un pie de luz, allí los bisturís azules y negros, la oblea simple del folio, donde hiberna la esperanza de lo que puede ser, hasta que todo se derrumbe con la primera palabra y los límites me acompañen. Más allá, el agua de la radio, la mayúscula recia de la silla, el brazo de libros sobre el que a solas lloro de envidia:

Miro entonces mis pies y mis rodillas, mi sexo y mis cartílagos, miro de arriba abajo esta fraterna máquina de morir (Félix Grande)

Ensuciar el orden de lo que nos ha sido dado.
Creer que vivimos cuando sólo estamos habitando.

Iván Onia Valero

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