martes, 8 de marzo de 2016


Este mundo me ahorra. Por la vagina de luz de domingo, esa llaga de barro por la que intuyo qué día me espera, me hago largo plazo, inversión planetaria de quién sabe.
Por ahí alguien echa sus monedas sueltas, la chatarra de la semana, que es como decir los huesos que sobran de un todo. Mañana habrá quien querrá irse de vacaciones o comprar una disculpa zarcillera con mi pobre arquitectura.
Por la raya vertebral veo caer el galgo azul de mi calva, las libretas y el látigo de tinta que gritan: "escribe, cabrón!", el olor del pan -única prueba hasta el momento de que el mundo es bueno y redondo-, el hígado con aristas de los libros, el amuleto verde de una sombra.
Cuando rompan el barro y me descubran, sonarán los bronces de la decepción: "vaya, otro poeta mediocre y muerto" y mi cuerpo les dará apenas para comprar la piruleta de fresa de una niña chillando o el globo metálico que asusta a las palomas.

Iván Onia Valero de Hermanos de Nadie, Karima Editora (2015)

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