lunes, 21 de septiembre de 2015


En un mercadillo de Sintra, a escasos kilómetros de Lisboa, compré una parker de segunda mano color gris que siempre cargo con tinta azul. Años más tarde y lejos de allí, encontré un gato, con sus cien gramos de muerte, debajo de las tripas de la ciudad, entre los muros de la sed y una sombra de mierda y naranjas. Esta noche, el animal ha olisqueado la pluma un rato y he podido contemplar al universo romper sus poleas en el vértice de dos azares que se encuentran. Después, como casi siempre a esta hora, ha sacado su cabeza azul por la ventana y ha mirado la luna como a un pez milenario. He tenido que escribir esto como quien se ata un hilo al dedo o se cambia el reloj de muñeca; para no olvidar qué álgebra de cuerpos, qué suma de sangres y sangres me habrán traído a mí a esta silla y a este día.

Iván Onia Valero, de Hermanos de nadie. Karima Editora (2015)

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