jueves, 20 de agosto de 2015

Mañana de agosto en 4 dimensiones y presente continuo

En primer término yo, uomo en chanclas con espalda de pueblo, turista, -paisanito casi- que escritura matinales, como si la mañana fuese una idea y no un folio a punto de arder.

A una cuarta, al poso frío del café comienza a crecerle la luz aguileña del sortilegio. A poco que me asomara al barranco de la taza podría ver lo que me espera el resto de la semana o de la vida. Pero no.

Una mesa más tarde; el padre y la hija, el tío y la sobrina, los hermanos dispares, no sé, pero café solo, él, y, tarrina gigante de tres chocolates, la ninfa, son un Humbert Humbert y Lolita en fuga demasiado obvios. Me costó entenderlo, pero Nabokov no escribió jamás sobre el placer prohibido de unas rodillas sucias, sino de la piel de víbora mojada del presente. Ella es ese dejar de ser para ser, como las esculturas inacabadas de Miguel Ángel. Igual que si viviésemos dentro de un reloj que se para antes de que el dueño le dé el golpe que resucita al tiempo. En un circo la llamarían "La chica instante" y sería la estrella de la función..."ladies and gentlemen con ustedes la chica que nos detiene, un presente continuo que dura un helado de mil chocolates"

Un poco más allá el mar, la mar (Alberti tampoco se aclaró nunca) una vez escribí que las cosas nacen muertas después del imperio de algunas visiones, no se puede escribir nada después de la terrible verdad oceánica.
Así que acabemos; el Mar es el dios de los ateos y el atún es su Mesías.

Iván Onia Valero

2 comentarios:

  1. Me gusto el inicio y el final...por ser impactantes (sobre todo el segundo), y también el empuje que tiene el texto.
    Enhorabuena Iván

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