jueves, 30 de octubre de 2014


Ayer me llegó por correo "Un ser de lejanías", obra de 2001, genial y descatalogada que he encontrado en una librería madrileña.
Hace unos minutos me han dado el cambio de un café y, entre las monedas, había una peseta que quería ser diez céntimos, con su rubia redondez, como una de esas actrices que resultan patéticas cuando se tiñen y quieren engañar al tiempo.
He tenido que correr al baño a asomarme al espejo por esa cosa tonta de comprobarme aquí, en el mundo, con mi nombre bisílabo, un ser de cercanías, lejos aún de los descatalogados y de los muertos.

Iván Onia Valero

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