lunes, 23 de septiembre de 2013

Mierda y amor


Conozco al pájaro verdugo. Canta y las aves acuden a sus blancas uñas. Luego, las crucifica en los espinos. Desgarra y canta a causa del amor y se alimenta de lo que crucifica. Sueña con pétalos sangrientos. No se sabe si es pájaro que llora.

En otro tiempo,

yo vi el alma del caballo, su dentadura en el rocío. Hay un caballo dentro de mis ojos y es el padre de los que después aprendieron a llorar. Ahora

alguien pisa sobre mis sueños. Recuerdo que las serpientes pasaban suavemente sobre mi corazón.

Escuchar sangre. ¿Dónde? ¿En la fístula azul o en las arterias ciegas? Allí el hierro silba, o arde, quizá: no somos más que miserable hemoglobina. Allí los huesos lloran y su música se interpone entre los cuerpos. Finalmente, purificados por el frío, somos reales en la desaparición.

Mierda y amor bajo la luz terrestre. Yo abandono mis venas a la fecundidad de las semillas negras y mi corazón a los insectos.

Mi corazón, esta caverna húmeda que sin fin ni causa finge la monotonía de la sístole.

Antonio Gamoneda

2 comentarios:

  1. Necesitamos siempre la criba, sacar del corazón aquellos huesos que impiden el latido. Un abrazo.

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  2. Sí, muy bien dicho, otro para ti María José

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