lunes, 8 de julio de 2013

Biblioteca a dos aguas

Ya sé que es bueno hacer limpieza en serio,
ordenar nuestros libros otra vez,
dispuestos hasta ahora en estancias distintas.

Es bueno hacer limpieza, hacer balance
ahora que miramos hacia dentro
y nos vemos desnudos trasladando
los jardines botánicos de Europa. Ya lo sé.
Sé que ha pasado tiempo y nos vestimos,
que ordenamos los libros con criterio
y tenemos goteras, humedad en el techo,
que es urgente pintar esas grietas,
que prefieres guardar en el trastero
esa imagen de nómada inconsciente,
las fotos tan alegres, tan tristes de Lisboa.

Tienes razón…,
no puedo ser mejor que mis imágenes.
¿Te acuerdas? Benedetti, corazón
coraza y viceversa. Fue un regalo.

¿En qué maldito idioma babélico se burla
Borges en nuestra torre? Mejor, Cortázar:
Vuelta al día en ochenta mundos. Sé
que a veces discutimos por cuestiones domésticas
o por sandeces, qué sé yo, amor. Mira
hasta ahora los libros, así, sin anaqueles,
amontonados,
pilas que son columnas
de nuestra intimidad y nuestra casa.

Mira, las Mil mejores poesías
de lengua castellana–siempre estuvo contigo–.

Aquí podrá caber todos los clásicos.
Allí, los de política y ensayo, por favor,
a la izquierda, con arte y poesía.

Vamos a procurarles, a darnos otra vez
un lugar habitable y confundirnos
para mezclar tus libros con los míos:

tu Trilce, de Vallejo, con Neruda
–Confieso que he vivido y Residencia
en la Tierra–. Teatro y narrativa
del realismo mágico ahí delante.

Los de cine y pintura más abajo,
junto a la Enciclopedia y los volúmenes
de El mundo y sus jardines… Hay más libros
sin orden ni concierto, poemarios
a los que siempre vuelvo como a casa:

Compañeros de viaje, Tranquilamente hablando,
Poesía completa de Szymborska, Palabra
sobre palabra…

Unamos nuestros libros, sí, pero nunca olvides
cuáles te pertenecen a ti, amor,
porque no quiero ser yo quien te reste
ni quiero disolverme tampoco en tu memoria,
aunque volver atrás sea leer
al revés el palíndromo que somos
como el ave y la nada en el Edén,
en este paraíso de palabras. Por eso
confundamos, mi amor, tu reflejo y mi imagen,
tu imagen, mi reflejo… más incluso
que en todos nuestros libros. No es ficción
este amor que sostiene nuestra casa.

Porque hay un escrutinio necesario
que el tiempo compartido nos impone.

Por eso decidimos leernos mutuamente,
que sea esta biblioteca a dos aguas
el hogar donde ardamos contra el frío
de Ovidio, de Petrarca y Garcilaso. Escucha:

Quand’io mi volgo in dietro a mirar glianni…

Daniel García Florindo

3 comentarios:

  1. Hermoso poema donde los libros son puentes tendidos, "el hogar donde ardamos contra el frío".

    Un abrazo

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  2. Sí, el poema es tremendo, un abrazo María José

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