martes, 23 de abril de 2013

Summa Vitae

De todo lo que amé en días inconstantes
ya sólo van quedando
rastros,
marañas,
conjeturas,
pistas dudosas, vagas informaciones:
por ejemplo, la lluvia en la lucerna
de un cuarto triste de París,
la sombra rosa de los flamboyanes
engalanando a franjas la casa familiar de Camagüey,
aquellos taciturnos rastros de Babilonia
junto a los barrizales suntuosos del Éufrates,
un arcaico crepúsculo en las Islas Galápagos,
los prolijos fantasmas
de un memorable lupanar de Cádiz,
una mañana sin errores
ante la tumba de Ibn`Arabi en un suburbio de Damasco,
el cuerpo de Manuela tendido entre los juncos de Doñana,
aquél café de Bogotá
donde iba a menudo con amigos que han muerto,
la gimiente tirantez del velamen
en la bordada previa a aquel primer naufragio...
Cosas así de simples y soberbias.
Pero de todo eso
¿qué me importa
evocar, preservar después de tan volubles
comparecencias del olvido?
Nada sino una sombra
cruzándose en la noche con mi sombra.


J.M Caballero Bonald

2 comentarios:

  1. No hay flamboyanes en zonas templadas,
    pero la ilusión por el mar, por aquel cuerpo,
    el recuerdo del siseo del poniente en el barrón, en la la jarcia firme, el murmullo del agua en el casco de una siesta imposible,
    aquel bareto olvidado que regresa de improviso. Anatolia y París. El Egeo en una tarde de bajíos, flotadores y fruta del tiempo...
    Sí. Prefiero estos poemas. Ya sabes que todo puede ser cantado: "No me cuentes penas, cuéntame alegrías, mira que ...
    Gracias.
    N.

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  2. Gracias a ti siempre. tus comentarios siempre son esdrújulas y pájaros con tilde en el misterio. un abrazo.

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