martes, 12 de marzo de 2013

Primera reseña de Galería de Mundo y Olvido

Pedro Luis Ibáñez Lérida compone de forma magistral la primera reseña de Galería de Mundo y Olvido. Una mezcla de fortuna y honor, contar con las palabras del poeta y amigo en esta nueva singladura. 
Gracias Pedro.


En GALERÍA DE MUNDO Y OLVIDO, de Iván Onia Valero, volumen 23 de la Colección de Poesía Joven, Poesía Eres tú, la palabra abisal de su autor se adentra en la sima del alma humana. No detenta luminosidad. Ésta es inherente a su propia
naturaleza. Como el batíscafo que sumergido adormece la oscuridad en el halo que, revelador y atónito, subyuga su impenetrable ser. La constatación del hecho poético se transluce con el magnetismo propio de lo que atrae irremisiblemente. Así es, una vez cruzado el umbral que, a su vez, es antesala de la galería por la que nuestros pasos arderán, “De la misma manera en que se guardan / los buenos libros, con esa extrañeza / al saber que nunca seremos los mismos / después de aquella palabra”

IVÁN ONIA, tras la publicación de la plaquette Tumbada cicatriz, Ediciones En Huida, 2011, reafirma la dicción de un decir a tras mano. Es decir, su poesía no es para convidados de piedra en los que reverbera la cadencia. El verso no posee eco o resonancia. Es por sí solo rumoroso. Caracola poética que en su inerte concavidad se halla todo el mar. Trémulo es el aire que exhala en su estancia porque “Es cierto, mis pies huyen, / pero no reconocen el círculo”.

GALERÍA DE MUNDO Y OLVIDO se estructura en tres partes. En la primera, Galería de mundo, el poeta delibera en voz alta y construye su propia realidad, “que ya no quiero escribir como / Ángel González, por ejemplo”. No es agravio comparativo ni desdecirse. Sencillamente depurar su propia expresión hasta lo esencial. Delimitar el influjo de su quehacer meditado. Sostener el mejor y mayor indicio de eternidad, que no es otro que favorecer el sino de lo venturoso, “Sin ir más lejos quisiera que una muchacha / me leyera distraída cualquier noche futura / sin saber cómo llegué a sus manos / y repare de pronto en un verso –feroz o dulce- / al tiempo que de su pie suspenso / cae la zapatilla de invierno / -con esa tristeza- / junto a la papelera que arde / o el perro que duerme”. La implicación de la poesía en esta primera parte se hace desdibujando su rostro primerizo: “En ocasiones quiero partir aquello que nazco. / Romperle las piernas a algún poema antiguo, / quebrar como una barra de pan –en su centro- las palabras. Lo abordable del mundo toma un primer plano”. Lo abordable del mundo toma un primer plano, “La lluvia se hace labios en la memoria / y es imposible no volver atrás” y las cuestiones se alzan como incendiaria zozobra, “Mientras cae la tarde, las preguntas / están ardiendo dentro del poema / (...) creemos alcanzar las respuestas / sólo hallamos las huellas de un fantasma”. A partir de esa inmersión metapoética, la relevancia del discurso se sublima en la cotidianidad del amor que es vencido por la insoslayable rutina, “Porque sostenernos / es ya un vicio adquirido / como abrir una puerta / o atender el teléfono / (...) Porque el frío es mirar por una cerradura / para ver hasta dónde somos otros”. La complicación de un mundo aterido por la incomunicación, “Es hora de abrigarse y regresar, / hace mucho frío en lo que ya no entendemos”. El hecho del no lugar, del no sentir, del no ser, “La tarde de domingo es un pingajo / del calendario con sangre de fiesta”.

En la segunda parte, “Poemas en los huesos” la visión poética se fragmenta en hasta treinta esquirlas vespertinas. Ya que el poeta las cifra entre las 18:07 y 20:30. En esta secuencia el poema decrece en extensión y el verso se atempera, “Para que todo sea; / para hacer de la muerte otras sombras, / del insecto, el órgano puro. / Dices corazón o árbol, te haces nombre de ojos abiertos”. Incluso llega a convertirse en aforismo, “Como dientes, / son de leche los libros, / y se mudan” o, incluso, greguería, “Ducharse es otra forma del otoño”. Con la intensidad del deseo, “El invierno se acerca y no hemos aprendido / a llamarnos amor con los ojos abiertos” o en el arcano pronunciamiento de la inesperada belleza que se asoma, “Recoger limones tras la tormenta / se parece a escoger palabras / y a robar planetas”.

En la tercera parte, Olvido, resulta paradójico que el inicio y final se vean fijados con la solidez y peso del soneto. Aparece como una cuidada y pensada fórmula de atajar el embate del tiempo y su carga de olvido. El metro clásico que no se corrompe, que permanece altivo y sereno ante el paso del tiempo. A modo de salvaguarda, de férrea vigilancia ante el Tempus fugit. Estas dos composiciones se merecen a la totalidad de la obra y su lectura incondicional. En esta última parte el poeta combate con feraz palabra. Blande su finísimo y laminado filo, antes sabiamente pulimentado, para, con certero apremio, no dudar en asestar un golpe de inexactitud al exacto tiempo, “Como los artificios / Como palabras / Como éramos / Exactos / Leves / Así”. Es cuando su voz se abraza a la pérdida. Especial significación al poema titulado Land Rover. Todo el tiempo conmovido por la desubicación del mundo y su memoria. Todo el ingrato abandono de un cuadro de Hopper y la infinita interpretación de los símbolos de El Bosco. Porque, al fin y al cabo, todos tememos convertirnos “en el hombre que enumera / otro inventario de temores” y hablar con el “Idioma de lo que un día habitamos”

Señalaba el poeta moguereño y premio Nobel de Literatura, Juan Ramón Jiménez, que, “En edición diferente, los libros dicen cosas distintas” GALERÍA DE MUNDO Y OLVIDO no sería la misma obra sin la aportación artística de Álvaro Escriche , tanto en las ilustraciones interiores como en la propia portada de la obra. La rica simbología que articula, se convierte en un poema visual que delata el fondo poético de su creador. Bellas imágenes incardinadas a un texto del que es arraigo y vigor. Con un marcado acento fílmico que complementa los apuntes que el poeta va sembrando en la vasta extensión de la obra, “tu cabeza rendida sobre mi hombro, / contando el triste tiempo que se escapa / -inasible voz y veloz- por el desagüe / de la pantalla en blanco de los cines”

IVÁN ONIA, poeta que forma parte de las sesenta voces poéticas, nacidas a partir de 1985, y compiladas en la obra La vida por delante. Antología de Jóvenes Poetas Andaluces, Ediciones En Huida, 2012, de Ana Isabel Alvea Sánchez y Jorge Díaz Martínez, que es una amplia muestra de la poesía andaluza actual. Refrenda con GALERÍA DE MUNDO Y OLVIDO, la irrefrenable promisión, que ya es una realidad, de sabernos ante un acontecer que ha dejado de ser resplandor para convertirse en fulgor perenne en cielo abierto.

Pedro Luis Ibáñez Lérida

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