miércoles, 6 de marzo de 2013

Ojalá mi vida fuera una carreta de bueyes
que se acerca, chirriando, de mañanita, por el camino,
y que vuelve después al sitio del que ha venido,
de nochecita, por el mismo camino.

Yo no tendría que tener esperanzas: sólo tendría que tener
ruedas…
Mi vejez no tendría que tener arrugas ni pelo blanco…
Cuando ya no sirviera, me quitarían las ruedas
me quedaría volcado y roto en el fondo de un barranco.


Alberto Caeiro

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