jueves, 28 de marzo de 2013

La mano de dios es más grande que él mismo.
Su tacto enorme tañe los astros hasta el gemido.
El silencio rasgado en la oscuridad es la presencia de
su carne menguante.


Resplandor difunto siempre allí. Siempre llegando.
Revelación: balbuceo celeste.


Día cerrado es él. Dueño de su mano, más grande
que él.

Blanca Varela

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